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Manifiesto de Rubén Martínez: “Sabíamos que para el colocolino esas tres lucas o dos lucas en esa época, eran importantes”

Mi expulsión en Paraguay fue durísima. Durísima. Porque ya veníamos con un par de bajas tras el partido contra Boca. Pato ya estaba fuera, Ricardo ya estaba fuera, y estábamos llegando a una instancia donde necesitábamos estar y aportar con lo que queríamos. Habíamos pasado una gran valla que era Boca, y nos tocaba ir a jugar contra Olimpia, que era el Rey de Copas, que había ganado todo a nivel internacional. Y fuimos a Asunción e hicimos un gran trabajo. De hecho, yo no jugué de puntero, jugué un poco más retrasado. Jugamos con Barti, y hasta Rubén Espinoza un poco más arriba. Y lo tuvimos. Pudimos haber ganado. Hicimos una gran labor. Y desde el punto de vista individual, me sentí muy conforme y así me lo hizo ver el cuerpo técnico de lo que habíamos hecho dentro del campo de juego.

Faltando diez minutos para el final, me hace un foul el capitán de Olimpia. Caímos al suelo, me estoy levantando y él me escupe. Me escupió el rostro y yo reaccioné con un manotazo, y obviamente no tenía que haber sido así. Lamentablemente no tuve una reacción acorde con eso. Sabía que me estaba provocando y, bueno, en ese momento fue muy doloroso porque dejaba a equipo para la final con jugador menos a lo que ya se venían sumando las bajas que teníamos.

“Me escupió el rostro y yo reaccioné con un manotazo, y obviamente no tenía que haber sido así”.

Para la final en Santiago, estaba al borde en la salida del túnel. Ahí estaba. Era uno más, un hincha más que estaba ahí. Estaba con Ricardo Dabrowski, con esa parka roja blanca que teníamos. Lo vivimos de manera increíble juntos, sufriendo pero también alegres porque cada vez que marcábamos un gol veíamos tan cerca eso, y nos mirábamos y no lo creíamos. Mirábamos a la gente, mirábamos las expresiones de la gente. Hay cosas en tu carrera que no lograba percibir cuando uno jugaba y entraba al campo de juego. Prácticamente no le veía la cara a los hinchas, a las personas que están ahí en el tablón. Pero cuando lo miraba como lo miré yo, como lo miró Ricardo, el Pato, y miraba las caras de las personas y veías lo que estaban sintiendo, lo que vibraban en cada jugada, en un córner, en una jugada de gol… esas cosas me permitieron ver la otra cara de la medalla, y darme cuenta la pasión que había en el hincha, lo que se desvivían y lo que ellos iban a estar viviendo.

Muchas veces mi familia me decía ‘¿no te pones nervioso cuando sales de la manga, Rubén?’ Es que uno iba tan concentrado en querer hacer las cosas bien que muchas veces pasó a segundo plano ese silbido. Sentí el aplauso cuando me nombraban, cuando daban la alineación. Es tanta la gente que solo sientes un ruido ambiente.

“Veíamos gente de la tercera edad que estaba feliz, que abrazaban a sus hijos… cosas que uno no lograba percibir cuando estaba jugando”.

Ricardo me decía muchas veces ‘Rubén, no te alejes mucho de donde yo estoy, porque yo sé que va a quedar una pelota ahí y yo quiero que estés cerca’. Y que un centrodelantero compañero que te haya dicho eso es de muy buena crianza. Que me iba a ayudar, ‘tranquilo’. En Colo Colo, en los dos o tres primeros partidos no me salieron los goles. Me decían ‘tranquilo, mientras esté jugando bien, los goles van a llegar en algún minuto’. Eso no se olvida. Y ese respaldo lo tuve de los compañeros, de los jugadores grandes, de los más Jóvenes y del cuerpo técnico: ‘Tranquilo, va a salir. Lo más importante es crearse las oportunidades. Si no te creas oportunidades, ahí vamos a tener problemas. Pero tú te las estás creando’. Y así fue. Y cuando uno llega a un lugar así donde se valoriza lo que tú eres, lo que entregas, obviamente a la larga los resultados tenían que ser positivos.

Había que comérsela calladito nomás. De repente, en un córner quedaba tirado un jugador y nadie sabía por qué. Hoy día la televisión, el VAR, las ‘mil’ cámaras que hay, el cuarto árbitro… todo se maneja. En ese tiempo ibas a cabecear, te pegaban un codazo, no te dabas cuenta, el árbitro si no lo veía pasaba, te quedabas tirado… era complicado. Había que cuidarse mucho. En ese aspecto, nosotros sabíamos que no había que reaccionar porque a los delanteros los ‘buscaban’ porque los rivales saben que son los que pueden llegar a desequilibrar. Hoy día un escupitajo, un codazo, una agresión pueden ser cuatro o seis partidos de castigo.

“Había que comérsela calladito nomás. De repente, en un córner quedaba tirado un jugador y nadie sabía por qué”.

Nosotros teníamos mucho respeto por el público. Y sabíamos que para el colocolino esas tres lucas o dos lucas en esa época, eran importantes. Nosotros jugábamos con el colista y eran 40 mil personas, y el respeto era el mismo para jugar contra el colista y contra el puntero. Entendíamos que para el hincha de Colo Colo esa luquita de la época costaba. Y ello lo grafico en un partido que estábamos jugando contra Deportes Iquique. Íbamos perdiendo 2-0 y en el entretiempo decíamos que teníamos que sacudirnos, que no podía pasar, que había gente que nos vino a ver y que gastó su luca para vernos a nosotros, y que teníamos que tener respeto con ellos. 4-2, lo dimos vuelta. O sea, había un respeto por el hincha. Ese respeto lo sentíamos y obviamente en la interna decíamos que en nuestra casa los rivales no nos pueden faltar el respeto. Y cuando besabas la camiseta era porque la querías. Hoy los jugadores besan la camiseta y ¡llevan dos meses en la institución! Y te da rabia, la verdad que te da rabia.