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Manifiesto de Rubén Espinoza: “Debuté en el Estadio Nacional casi sin haber tenido inferiores”

Yo creo que el partido más difícil de la Copa Libertadores 1991 fue contra Universitario de Lima. En ese partido estuvo latente lo que había pasado el año anterior con Vasco da Gama, porque lo íbamos ganando, fue un partido bien jugado, pero con un equipo peruano que se vino a meter atrás no encontrábamos los espacios, y recién, creo, a los 40-42 minutos pudimos abrir la cuenta de tiro libre. Entonces eso nos dio tranquilidad. Pero después nos encontramos con un equipo peruano que nos empató. Y ahí aparecieron los fantasmas. Y cuando hablábamos del penal con Vasco da Gama, en el momento en que yo cierro ese círculo de lo que me pasó el año anterior, fue contra Universitario de Lima. Porque me tocó definir el penal del 2-1 en el minuto 80 y tantos, faltando pocos minutos para terminar el partido. Un penal que le hicieron al Pato Yáñez. Y ahí no dudé: no lo cambié, sino ejecuté lo que normalmente estaba practicando durante la semana. Y eso nos permitió ganar el partido 2-1. Ese fue el momento clave para mí.

No tuve inferiores. Viajé, salí de una cancha de tierra, con un par de zapatos que me los regaló mi padre con mucho esfuerzo, en Tomé, en la población Carlos Mahns, Alonso. Los cuidé, llegué a Santiago, me vine en un Fiat 600, me demoré ‘240’ horas pues cada 20 kilómetros teníamos que detenernos para que no se nos recalentara. Y cuando llegué a Santiago fue todo diferente. Para mí jugar en cancha de tierra y pasar a cancha de pasto fue un cambio brusco. Tuve que adaptarme. Me vi en la obligación de adaptarme lo más rápido posible.Cuando llego a la Católica, ellos me probaron después de haber estado en un campeonato Nacional juvenil el año anterior. Y a los meses después, estaba debutando en primera división, en el Estadio Nacional, casi sin haber tenido divisiones inferiores. Tanto se habla del área formativa, que sigo pensando que es muy importante, pero a mí no me tocó estar en esa etapa. En Tomé yo estaba estudiando, terminando mi cuarto medio, entonces tampoco me daba para ir a entrenar a un club de la zona. Mi preocupación era estudiar. Y esto, lo del Nacional juvenil se presentó de la noche a la mañana, y jugué reforzando a Cañete. Y ahí empieza esta etapa.

“Cuando llego a la Católica, ellos me probaron después de haber estado en un campeonato Nacional juvenil el año anterior. Y a los meses después, estaba debutando en primera división”.

Tenía en mi cabeza ser jugador profesional. Pero la oportunidad era este Nacional juvenil. Y de hecho, cuando empiezo a reforzar a Cañete —porque Cañete nos eliminó en una serie, cuartos de final, a Tomé—, nos pide de refuerzo a dos jugadores de Tomé. Entre esos dos jugadores estaba yo. Y a mí me tocaba viajar de Tomé a Concepción a hacer mi enseñanza media, me demoraba una hora o una hora quince minutos en micro, y después el fin de semana viajaba otras tres horas en micro a Cañete para ir a entrenar. Entrenaba viernes en la noche, sábado y domingo. Me regresaba el domingo y retomaba los estudios en la semana. Y durante la semana, después del colegio, me entrenaba frente a la casa, porque ahí tenía una cancha de tierra. Ahí me entrenaba con un profesor.

A lo mejor me quedó pendiente de haber ido a Europa. Pero el resto, creo que tengo una carrera bastante bonita porque me tocó jugar en México, en Cruz Azul de México, en Estados Unidos cuando la liga recién se estaba iniciando. Es decir, tuve la posibilidad de jugar en el extranjero. Quizás en un medio mucho más exigente, en Europa, no tuve esa opción. Pero mi carrera fue ascendente siempre: empezar en la Católica, después llegar a Colo Colo, la Selección, ir a jugar al extranjero, etcétera.

Recibía una ayuda económica y vivía en una pensión que pagaba la Católica. Vivía con dos jugadores más que eran Mario Lepe y el Pato Toledo. David Arellano se llamaba la calle, que está en Independencia. Viajábamos todos los días. Esa plata la utilizábamos para tomar la micro, que tomábamos en Independencia, de Independencia hasta Mapocho, y de Mapocho hasta Apoquindo con Camino El Alba porque hasta ahí llegaba la micro, y ahí esperábamos a un compañero que nos subía. Yo ya estaba jugando en primera.

“A lo mejor me quedó el desafío de haber ido a Europa”.

El fútbol es un deporte que tiene un inicio y un final, que es la edad. No es como una carrera normal que puedes estar hasta los 60 o 65 trabajando y generando. No. En el fútbol, es 35 años tu máximo. Hay jugadores especiales que duran hasta los 40 años, pero en esos años tienes que capitalizar. Entonces, las prioridades no debieran ser el auto, sino tu casa, tu vivienda. Un poco proyectar que debes consolidarte para vivir 40 o 50 años más.

Fue una etapa difícil el año 88. Tuvimos muchos problemas en la Católica. Varios jugadores de esa época, con Arica Hurtado, pensábamos que era el momento de que la UC diera el salto de calidad. El año 83, Ignacio Prieto armó un plantel con jugadores de la cantera que se consolidó el año 84 y el año 87 con un gran campeonato. Pero el año 88 se empezó a desarmar. No hubo una visión administrativa de potenciar ese plantel para ir a buscar un objetivo importante como era un campeonato internacional. Creíamos que los jugadores estábamos en una etapa madura y en un rendimiento óptimo, en el mejor nivel. Poco a poco me fui desilusionando, y eso me permitió quedar en libertad de acción el año 88, y se generó esta opción de Arturo Salah en Colo Colo. Fue una determinación difícil porque después de 10 años en una institución, pegar ese cambio, tomar esa iniciativa de decir ‘hasta aquí’, el momento del cambio fue difícil. Pero creo que fue una muy buena determinación.