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Manifiesto de Raúl Ormeño: “Ferenc Puskas fue quien me puso Bocón»

Jugué solamente en Colo Colo por 20 años. Jugué toda mi vida en Colo Colo.

Había una lista cuando Arturo llegó el 86 a Colo Colo. Y en esa lista estaba yo, Lizardo Garrido, el Cóndor Rojas, y varios más que no recuerdo pero era una lista de ocho o nueve jugadores que después fuimos campeones de América y que fuimos importantes para el grupo. Y era una lista negra, digamos, que un dirigente nos tenía fuera. Y ¿qué fue lo que hizo Arturo? Fue a hablarlo personalmente con nosotros y aclaramos los términos, y nos quedamos en el club. De hecho, estuve cuatro días en Calama con la idea de firmar en Cobreloa, que también era un equipo importante. Pero yo no me quería ir. Y el dirigente este había dicho que yo lo único que quería era irme. Me llama Arturo a su casa, voy a su casa a conversar y me dice ‘Raúl ¿por qué te quieres ir de Colo Colo?’. ‘No me quiero ir, Arturo’. O sea, tuvo esa calidad para definir a quién tenía. Y esos ocho o nueve jugadores fueron importantísimos para lo que venía. Fue fuerte porque había una mentira de por medio para lograr eso, o sea, para echarnos directamente.

Me vine a estudiar internado a Santiago a un aspirantado. Aspirantado La Salle, como pensando para ser cura ¿entiende? Porque era la onda de mi mamá. Yo me vine internado. Y cuando estuve un año internado, a los 12, mis viejos se vinieron también y vivíamos acá. Y en unas vacaciones, un amigo que había conocido me dijo ‘mi papá me va a llevar a probar a Colo Colo ¿quieres ir? Venía llegando recién de Temuco. Era hincha de Colo Colo.

“Me vine a estudiar internado a Santiago a un aspirantado. Aspirantado La Salle, como pensando para ser cura ¿entiende? Porque era la onda de mi mamá”.

Yo llegué a los 13 años a Colo Colo sin la ilusión de ser futbolista profesional. Porque yo no tenía esa ilusión. No era para mí ser futbolista profesional. Yo venía de Temuco, yo nací en Temuco, venía de una familia en donde mi viejo no tenía idea que lo que era jugar al fútbol, a mi madre no le gustaba el fútbol. Entonces, no tenía por dónde esa ilusión de los ídolos. Pero a mí me gustaba el fútbol, me gustaba jugarlo. Llegué al club y me encantó. Y sin darme cuenta, tres años después vine a debutar, año 75. Tres años después, no te digo cómo, me encontré con la posibilidad… no lo tenía en los planes. Un técnico creyó, me hizo debutar, me fue bien y me mantuve en el club siempre, con la idea de jugar en Colo Colo y no jugar en otro lado.

Un dirigente, Mario Araya, fallecido ya, me metió en la cabeza que yo tenía que ser solamente jugador de Colo Colo, que no debía jugar en otro club, que yo tenía que ser capitán, que tenía que ser campeón de América… todas esas cosas él me las inculcó. Y yo durante años lo seguía, a lo mejor, sin quererlo.

Me tocó debutar con la mayoría del Colo Colo 73. Eran ídolos. Chamaco Valdés, el Keko Messen, el Loco Páez, Adolfo Nef, Caszely. Todos ídolos. Donde iban, los estadios llenos. Vi casi todos los partidos de Colo Colo 73. Eran increíbles esos jugadores. Les faltó lo que teníamos nosotros. Colo Colo 73 tenía once jugadores y tenía dos reservas, que eran Lara y el arquero reserva. Y nosotros teníamos 20 jugadores en el mejor nivel. Peralta era joven pero estaba preparado al cien por ciento. Herrera, que era un chico, entró a lo que sabe hacer. El chico Pérez era joven. Eran todos jugadores titulares.

Llegó Ferenc Puskas el año 77 como técnico. Y él fue el que me puso Bocón, porque decía que tenía la boca grande pero que también la utilizaba porque hablaba todo el día. ‘Calla coño, calla coño, deja de hablar. Bocón, bocón deja de hablar’. Y quedé como Bocón.

“Llegó Ferenc Puskas el año 77 como técnico. Y él fue el que me puso Bocón, porque decía que tenía la boca grande pero que también la utilizaba porque hablaba todo el día”.

Tuve representante los dos últimos años de mi carrera, y fueron los mejores contratos que tuve, porque no sabía negociar. No sabía, porque iba a pedir algo y al final terminaba peleando con recados por la prensa de los dirigentes, de parte mía, y al final no conseguía nada. Yo siempre pertenecí al club y siempre tuve eso en contra para negociar los contratos: que yo no me quería ir del club. Y ellos lo sabían y lo manejaban. Entonces, los últimos contratos me los arregló incluso el Washo (Washington) Castro, que había sido mi compañero, se había retirado del fútbol y estaba haciendo eso. Y fueron los mejores contratos que tuve en mi carrera. Lo que logró el Washo era mucho más de lo que yo quería.

Yo le echo mucha culpa al Pato Yáñez (ríe). Creo que el Pato era el único jugador que representaba algo más afuera internacionalmente dentro del grupo. Y era tan desequilibrante… Yo creo que estábamos para ser campeón de América el año anterior. Arturo (Salah) no lo quiso traer el año 90, por eso menciono al Pato Yáñez. Porque con el Chano le pedimos que trajera al Pato y no quiso. No sabía si se iba a poner las pilas. ‘Jefe, tráigalo que con nosotros se va a poner las pilas’. Y eso sucedió un año después. Y el Pato era un jugador desequilibrante.