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Manifiesto de Marcelo Ramírez: “Mirko me había dicho que si íbamos a penales, iba a entrar yo”

Los planteles crecen en la medida que haya competencia interna sana. Que si eres el titular, ‘vamos a tener una relación pero que tengas claro que yo lo único que quiero es quitarte el puesto. Porque yo quiero jugar en mi posición, porque me estás quitando el puesto a mí’. Pero eso en la competencia sana, en la hora de jugar, en la hora de entrenar. ‘Pero si te toca jugar a ti, yo te apoyo, estoy a muerte contigo porque eres de mi equipo, eres mi compañero, dentro de la cancha eres mi hermano porque estamos peleando por lo mismo’. Cuando uno logra una competencia, sana, saludable, fuerte, tenís un montón ganado. Y eso: yo le quería quitar el puesto a Daniel.

Daniel no tenía esa fortaleza que tenía yo. Tenía otras, muchas otras. Y yo tenía esa. Y en algún momento se empezó a marcar más esa diferencia porque me tocó empezar a entrar a definir en Copa Chile, en clásicos, en partidos importantes nuestros y atajar penales. Se empezó a marcar esta diferencia.

Previo a viajar a Kobe, jugamos el clásico a cancha llena con la U. Nosotros ganamos 1-0 y está el penal de Puyol que atajé, que lo hicieron repetir, y que lo volví a atajar.

Mirko me había dicho que si íbamos a penales, iba a entrar yo, porque le daba mayor seguridad y porque iba a apostar por mí si íbamos a penales. Me lo dijo la noche previa. Él no tenía problemas con eso: aunque sabía que Daniel le daba mucho en el juego, sabía que esa no era su fortaleza y no tenía problema en decir ‘Daniel, tú sales, entra Marcelo, porque él es más fuerte en eso’. A otro técnico, con otro liderazgo, quizás le costaba porque estaba sacando a uno de los capos del equipo. Y lo estaba sacando, además, en un partido como ese en Kobe, en que había hecho un gran partido. Y lo estaba sacando del momento cúlmine para poner a otro. Él lo hacía poh, no tenía problemas en eso.

“Aunque Mirko sabía que Daniel le daba mucho en el juego, sabía que esa no era su fortaleza”.

Que el cambio fuese en el partido mismo era un riesgo. Porque si lo mete en los dos últimos minutos y si en esos dos últimos minutos lanzan un centro y salía mal, era riesgoso meter a un jugador a poco para esa definición. Ricardo Weisselberghe y Mirko Jozic consiguieron que el cambio se pudiera hacer una vez que termine el alargue. Entonces, se jugaron los 90 minutos y empate. Ya Mirko había hablado conmigo la noche anterior y me dijo: ‘Marcelo, si hay penales vas a entrar tú, así es que prepárese’. No dormí nunca más hasta la mañana. Y cuando terminó el primer tiempo del alargue, yo empecé a olfatear… ¡viajé pensando en que podíamos llegar a penales! Ya se hablaba acá que si había penales, estaba yo y podía entrar. Ya se hablaba eso. Me fui con esa idea, pero cuando Mirko me dice ya se había conseguido que si el partido terminaba empatado y había penales iba a entrar yo, me empecé a preparar para estar fuerte mentalmente y que no me pillara de sorpresa si llegaba el momento.

Cuando terminaron los primeros 90 minutos, dije: mmmm… estaban muy parejas las dos fuerzas. Y ya empecé a sentir el cosquilleo,’ capaz que me vaya a tocar’. Y faltando cinco minutos, como siempre dicen porque el miedo hay que tenerlo al lado nomás, se me fue. Cuando faltaban cinco minutos dije que esto iba a terminar así. Y le digo a Marcelo Oyarzún, que era el Preparador Físico, que me iba a un lugar que había porque me iba a preparar. Me fui, calenté solo, y el partido seguía ahí. El Loro volaba. Nos terminaron peloteando el rancho y dije que esto iba a terminar a cero. Me mentalicé, me preparé bien, estaba fuerte, y sonó el pitazo final. Y cuando salí, iba convencido: uno voy a atajar. Yo sabía que siempre atajaba uno. Y por ahí atajo los dos. Tenía confianza y sabía que ese era mi momento que tenía que aprovechar, que no tenía que dejar pasar esa gran oportunidad. Aparte, estaba esa confianza que me dio el entrenador de decirme ‘saco al arquero que está jugando muy bien y te pongo a ti, haz tu trabajo’. No era menor. Entonces, bueno, me toca entrar, entré muy fuerte.

“Me mentalicé, me preparé bien, estaba fuerte, y sonó el pitazo final. Y cuando salí, iba convencido: uno voy a atajar”.

Me tocó atajar el segundo. Mis compañeros estuvieron brillantes, porque patearon los cinco y los cinco fueron gol, y terminamos ganando ese título. Si en la Copa Libertadores 1991 habíamos volteado a los argentinos, a los uruguayos, a los paraguayos, a todos los del Río de la Plata, nos faltaban los brasileños. Bueno, al año siguiente volteamos en penales al mejor equipo brasileño de ese momento, que era Cruzeiro. Fue cerrar todo y poner a Colo Colo en lo más alto de América, que era lo que quería ese plantel y por lo que llevaba años luchando. Fue el logro de ese equipo y, para mí en lo personal, una satisfacción enorme.