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Manifiesto de Leonel Herrera: “A muchos de mis compañeros en Colo Colo 91 los conocí como los ‘tíos’ porque eran los compañeros de mi papá”

Una vez que se gana la Copa, comentábamos después en el camarín, los de más experiencia le decían a los más jóvenes: ‘Oye, van a pasar 10 años antes que otro equipo chileno la gane. Disfrutemos el minuto, el momento’. Imagínate, se cumplen 30 años y ni siquiera se ve cerca la posibilidad que algún otro plantel de nuestro país logre siquiera llegar a una semifinal o final. Eso se valora mucho, lo que hizo ese plantel, el grupo, fue espectacular. Y además, en el momento cuando a mí me toca hacer el gol, muchos me dijeron que ese fue el gol de la tranquilidad, el que realmente hizo sentir que habíamos ganado la Copa y que ya estaba. Quedaban pocos minutos y siempre a los equipos chilenos algo nos pasaba: o nos hacían un descuento, o un penal en contra, o expulsaban a alguien y se enredaba el partido, te lo empataban y lo terminabas perdiendo. Entonces efectivamente ese gol ayudó para estar seguros de que la ganábamos.

“Muchos me dijeron que ese fue el gol de la tranquilidad, el que realmente hizo sentir que habíamos ganado la Copa y que ya estaba”.

A muchos de mis compañeros en Colo Colo 91 los conocí como los ‘tíos’ porque eran los compañeros de mi papá. Yo iba a los entrenamientos con mí papá. Incluso en un par de giras siendo chico me metieron de colado. Para mí eran el tío Chano, el tío Raúl… Jaime, si bien era menor que ellos, era grande para mí. Entonces, tenía una relación distinta. Pero claro, cuando llegué al primer equipo, me hacían notar igual esa diferencia. Y uno veía el respeto hacia los mayores. Y me lo hacían sentir desde el utilero hasta los jugadores de más trayectoria. Nos pasaba a los más jóvenes, a los que recién llegábamos: en invierno hacía mucho frío y caía lluvia, y en el canastito mío no había cortaviento, no había un polerón. Los más grandes tenían sus cosas, y le decías al utilero ¿Nanito tiene un polerón? ‘No tengo’. Y cuando iba saliendo del camarín me lo tiraban: ‘ya, ponte ese’. Las vendas, lo mismo: los mayores con las vendas nuevas, limpias, e impecables. Yo pedía un par de vendas y me pasaban las rotas, las que casi no servían. Pero eso ayudaba porque se generaba ese respeto con los grandes, con la trayectoria, con lo que habían hecho. Uno tenía que pagar un poco el piso para poder pasar. Al año siguiente era distinto, porque eran los nuevos a los que se les hacía sentir eso.

En ese tiempo era vecino del Chano Garrido. Y me pasaba a buscar y a dejar a la casa todos los días. Entonces, yo también era más “regalón”. Él me ayudó muchísimo cuando comencé, y eso también trataba de que no se notara con el resto en la relación con el plantel, porque tenía que ser uno más, por más que tuviese esa “ventaja” quizás, entre comillas.

Ese año por lo menos estuvimos ocho meses juntos entre concentraciones, viajes, partidos, y no me acuerdo que hayamos tenido un problema serio, diferencias o que se hayan formado grupos o bandos. Al contrario: el que no jugaba siempre apoyaba al que estaba jugando. Además nosotros, los que no teníamos continuidad en la Libertadores, jugábamos el torneo oficial y la Copa Chile, y eso nos permitía estar en ritmo y, en lo personal, me ayudaba mucho porque tenía verdaderos monstruos como compañeros en la delantera ¿Y eso qué hacía? Que yo en cada entrenamiento me tenía que exigir a full. O sea, yo tenía que tratar de estar en un buen nivel para que, en el minuto que me tocara entrar, pudiera responder de buena forma. Y claro, imagínate: el Pato Yáñez, Barti, Rubén Martínez, el Polaco Dabrowski, el Negro Salgado en su minuto, Lucho Pérez… y así y todo tuve la fortuna de estar presente en todas las citaciones. Y eso, claro, hacía que tuviera cercanía y que estuviera muy empapado de lo que estábamos viviendo.

“¡Tenía que darle un infarto a alguno de ellos para tener alguna posibilidad de sumar más minutos!”

Salir de Colo Colo en 1992 no fue duro porque el técnico que se fue a La Serena fue el Yeyo Inostroza. Y el Yeyo me dice ‘leíto vámonos a La Serena, vas a tener continuidad, vas a tener la posibilidad de jugar’. Nos conocíamos de siempre y tomé la decisión de irme para tomar minutos. Y creo que fue una muy buena experiencia. Hice una muy buena temporada, titular todos los partidos. Si no era por lesión, siempre estuve. Tanto, que al año siguiente Mirko me pidió que volviera al plantel, y ahí salimos campeones. Jugué en otra posición en ese Colo Colo, un poco de carrilero izquierdo, viniendo de más atrás… en ese momento Jaime Pizarro se fue y él estaba ocupando esa oposición. Y tuve la posibilidad de alternar ahí, jugando más retrasado. Creo que me sirvió bastante como crecimiento personal.

No tuve la posibilidad de haber estado en la Recopa, en Kobe, pero sí había estado un par de meses antes en la intercontinental. Partir fue una buena experiencia, una buena decisión, pensando además que con los delanteros que tenía Colo Colo ¡tenía que darle un infarto a alguno de ellos para tener alguna posibilidad de sumar más minutos! Más encima, a mitad de año llegó Hugo Rubio. Todos los delanteros eran de primerísimo nivel.