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Manifiesto de Juan Carlos Peralta: “Tenía contrato de cadetes, me aseguré con los premios de la Copa”

Soy uno de los menos reconocidos. Yo lo noto así. No tengo ningún problema. La gente más antigua se acuerda, pero la gente colocolina se acuerda del Coca, se acuerda del Chano, de Ormeño, de Morón… pero si les nombras a Leo Soto, a Verdirame, Peralta… si les preguntas, la gran mayoría, no todos quién es Peralta.

Mirko habló conmigo y me dio la posibilidad de poder quedarme en 1992. Tenía un contrato de cadetes, yo ganaba muy poco. Yo me había casado y tenía un contrato de cadetes, en que yo ganaba 50 mil pesos mensuales. Yo por lo menos aseguré con los premios de la Copa Libertadores. Creo que fueron como 15 a 16 millones de pesos para cada jugador… Había escalas. Había jugadores que no jugaron nunca pero que estaban en la lista de los 25, que nunca fueron citados, pero se les otorgó un premio. Después iban por partido citado, por pasar fases.

Con el premio se compraron unas propiedades. Yo tenía un Renault 12, en el que esperaba al Coca. Yo era el chofer del Coca. La plata fue bien guardada, bien administrada. Yo tenía una señora que era un comandante para mí. Salimos campeones el 5 de junio y el 10 nació mi primer hijo, Sebastián. Doble alegría en mi vida.

“Soy uno de los menos reconocidos. Yo lo noto así. No tengo ningún problema”.

Yo opté por salir de Colo Colo. Mirko me dio la posibilidad de seguir, pero me dijo que en la mayoría de los partidos me iba a quedar en la banca. O sea, que no iba a jugar prácticamente en todo el año. Entonces, a mí no me servía. Y si me iba a otro equipo, por haber obtenido la Copa Libertadores… te miran con otros ojos y te tasan de otra manera. Me fui a Deportes Concepción con Jaime Ramírez, y ahí lamentablemente empezó la debacle para mí porque empecé con las lesiones a la rodilla, del ligamento. Y  lamentablemente, lo digo hoy día porque lo sufrí y lo viví, el tema de la infiltración. Fue lo más malo que hice en mi carrera. Al final terminé en Santa Cruz, y ya fue el año que dije ‘hasta aquí llego’.

En el partido ante Boca Juniors allá me tocó marcar —lamentablemente falleció — a Alfredo Graciani, que era un jugador fuerte y que había que pegarle con un fierro para que se cayera. Entonces, fue bien duro. Nosotros teníamos que haber hecho dos goles antes del penal que nos cobraron. Nos paramos de igual a igual, y nosotros haciendo la pega desde atrás. Es impresionante ese estadio. La gente la tenís aquí mismo. La bulla se acumulaba en la cancha.

Cuando fuimos a jugar contra Olimpia allá, el empate 0-0, la cancha era un desastre. Yo no me sentí campeón hasta que hicimos el segundo gol en la vuelta, el chico Pérez. Porque a ellos les expulsaron al Loco González, empezamos a manejar el partido, fueron aumentando más los ataques, y los defensas nuestros tenían una carga menos porque el Loco González era uno de los buenos.

«Yo no me sentí campeón hasta que hicimos el segundo gol en la vuelta, el chico Pérez».

Cuando vi que se comenzaron a encender las antorchas, los papeles, yo me puse a llorar ahí. Se me empezaron a caer las lágrimas porque era tan impresionante la visión que uno tenía. Ya quedaban tres o cuatro minutos. Era impresionante. Era tanta la tensión que uno tenía, la presión, y saber que vas a obtener una copa que es para Chile y que por primera vez se había logrado, y de la manera que se logró, haciendo muy buena campaña dentro de la Copa Libertadores y que yo hubiera podido estar en gran parte de los partidos… para mí fue una emoción muy grande.

Mi papá me acompañaba a todos lados. Fue el primero que me fue a abrazar. En mi familia son todos colocolinos. Nosotros somos cinco hermanos, mi padre, mi madre igual. Mi padre me acompañaba siempre, pero mi madre nunca vio un partido. Ella se encerraba en la pieza del fondo y no vio ningún partido. Ningún partido. Después al final, cuando la gente empezó a gritar, ahí recién sabía que habíamos ganado. Así era mi madre.