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Manifiesto de Eduardo Vilches: “Cuando llegué a Colo Colo, contra ninguno podías bajar las armas, porque todos te querían ganar”

Los meses en Magallanes eran de 30, 60, 90 días. De hecho, como anécdota, fuimos a jugar a una gira por Argentina. Nos fuimos de aquí hasta Punta Arenas. Entramos por el sur. Empezamos a subir por Comodoro Rivadavia, subimos y entramos por Los Andes. No trajimos ningún peso pero lo pasamos súper bien. Era muy sacrificado. Todas las cosas en la vida son sacrificadas. No hay nada fácil, nadie te regala nada.

Desde Magallanes tenemos la mentalidad del equipo pequeño que juega contra el grande. Pero en este torneo, con esta cantidad de equipos, hay tres o cuatro equipos grandes. Entonces, en el torneo, dentro de un año me jugaba tres o cuatro partidos al máximo. Después pasé a la Católica y guau: jugabas contra tres, cuatro, cinco, seis, siete. Y cuando llegué a Colo Colo, contra ninguno podías bajar las armas, porque todos te querían ganar. Entonces, viví todos los lados de la moneda. Y creo que eso me llevó a pensar que uno tiene que entregar lo mejor. No tenemos que hacer diferencias con el rival ni menospreciarlo. Quien es más inteligente es el que va a ganar, el que tiene condiciones. El que resuelve rápido es el que va a obtener el triunfo.

“Cuando llegué a Colo Colo, contra ninguno podías bajar las armas, porque todos te querían ganar”.

Me siento muy orgulloso de haber sido partícipe de todo este grupo, de ese momento. No tiene a lo mejor tanto relieve como andar en la calle, porque te digo: desaparecí el año 94 y aparecí ahora hace cuatro o cinco años atrás, totalmente cambiado. A lo mejor la gente no me ubica, en la calle soy uno más. Y eso es lo que realmente me gusta. Me gusta, independiente de lo que haya ganado.

Hoy en día creo que se ha reconocido un poco más de mi actuar, no tan solo en el año 91, sino todo el funcionamiento en mucho tiempo. Pero el 91 es la cúspide, un objetivo, una meta tan importante en uno y en la institución. Toda institución quiere ganar una Copa Libertadores. Y eso me hace sentir muy orgulloso por eso. Siento que se ha reconocido después con el tiempo, y lo entiendo ¿por qué? Porque normalmente se rescataba al goleador  o al arquero, los extremos. Siempre se rescataba eso. Con el tiempo se ha ido reconociendo el trabajo que uno realizó.

Yo vivía en San Bernardo en esos momentos. Normalmente mi ruta habitual era salir del Estadio Monumental, Vicuña Mackenna, Departamental, Panamericana, San Bernardo. Ese 5 de junio de 1991 salí a las doce o una de la madrugada. No se podía antes. Llegué a Vicuña Mackenna, estaba llenísimo. Después agarré Departamental, me tocó luz roja, me reconocieron porque todavía andaba con el uniforme, se tiraron arriba del auto, dije ‘no, no puede ser, qué tanta locura, guau, qué hermoso, qué lindo, pero me van a hacer cagar el auto’. No sé cómo me empecé a meter por las calles, no las conocía bien, en ese entonces tampoco había el Waze, y salí a la altura del Parque O’Higgins, en Famae. Tampoco la carretera, la Panamericana, era lo que es hoy. Había simplemente una valla de contención, de cincuenta o setenta centímetros de altura, y vi como tres cadáveres, porque querían cruzar la Panamericana y fueron atropellados. Dije ‘¿tanto te lleva un logro deportivo a cometer un error así? ¿Bebido? ¿Drogado? No lo sé ¿Eufórico de alegría? ¿De emoción que llegaste a perder la vida por eso? Fue increíble.

Yo le dije a mi mamá ‘yo quiero ser alguien en el fútbol, no quiero ser uno más’”.

Yo le dije a mi mamá ‘yo quiero ser alguien en el fútbol, no quiero ser uno más. Quiero hacer la diferencia. No sé cómo, pero tengo que hacerla. De alguna u otra forma, lo voy a hacer’. Y de la noche a la mañana, pasó el tiempo y me encontré en la final de la Copa Libertadores, y la obtuvimos. Ya hice la diferencia. Y ahora ¿qué viene? De hecho, tenía muchas ganas de seguir jugando, el 94 con 34 años me voy a México. Y en México me pasó exactamente lo mismo: ‘quiero más, quiero, quiero’. Salgo bicampeón, ganamos Recopa, Concacaf, el torneo de Apertura, tres ligas con Necaxa. Tuvimos siete finales de las que perdí dos, gané cinco. Entonces ¿Qué más? Gracias Dios.