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La camiseta amarilla de Morón, la jineta “alemana”, el Estadio Monumental, el perro Ron y los autos Lada: La historia de cinco íconos de Colo Colo 1991

La camiseta amarilla

El relato es de Daniel Morón, quien cuenta el origen de la icónica camiseta amarilla:

Mi ídolo era Harold Schumacher, el arquero de la selección alemana. Él jugaba en el Colonia, y en el Colonia jugaba con unas camisetas normales, roja con pantalones negros, cosas así. Pero en la selección alemana él jugaba de amarillo o de celeste. Y yo con Harold Schumacher tenemos, si vos ves, el aspecto físico más o menos parecido: el pelo rizado, las patas en equis, las patas de catre… si yo digo que la única diferencia que teníamos con él era la cuenta del banco. La de él era un poquito mejor que la mía

Entonces, en Argentina no podía jugar con el equipo amarillo completo porque en Argentina había una regla de que los arqueros tenían que usar el mismo color de pantalón que usaba el equipo. En Unión de Santa Fe, usábamos pantalón rojo o pantalón blanco en alguna oportunidad. Entonces, me podía poner una camiseta amarilla pero no iba con lo que a mí me gustaba. Y cuando llegué a Chile, esa regla no existía: los arqueros se podían vestir como querían. Entonces dije, ahí está: el equipo amarillo. Me mandé a hacer el equipo amarillo.

Me la mandé a hacer. Nosotros en ese momento teníamos Adidas. Yo venía como jugador de Adidas de Argentina, recomendado acá que, de hecho, con quien me entrevisté al principio fue con -que Dios lo tenga en su santa gloria- Eduardo Bonvallet. Con él yo tuve como tres o cuatro años que estábamos con constante comunicación. Él era el que me vestía, y él me mandó a hacer las primeras (camisetas), con las modistas… una chica que trabajaba en Adidas, me mandaron a hacer el equipo. Y yo después elegía las telas… porque al principio empecé con una tela más de algodón que no era tan el amarillo fuerte. A mí me gustaba el amarillo fuerte. Y después empezaron a salir estas telas medias tipo como tela de cebolla, así. Y bueno, ahí me compraba esas telas, se las llevaba, y ellos me hacían los equipos.

Yo creo que, claro, con el marketing que dio y el tema publicitario, a lo mejor si se me hubiese ocurrido patentar la camiseta amarilla o la marca… pero eso es lo de menos. Lo que me agrada y lo que me hace sentir bien es que yo utilicé el equipo amarillo por imitar a uno que era mi ídolo. Jamás fue pensando en que podía imponerse, que hasta hoy iba a quedar como institucional en el club. Entonces, todo eso que ha pasado tiene mucho más valor que la plata misma que pudiese haber conseguido.

La jineta “alemana”

Jaime Pizarro fue el capitán que levantó la Copa Libertadores que ganó Colo Colo en 1991. Y tal como sucedió a lo largo de toda la campaña copera, el Kaiser portó aquella noche una jineta que tenía tres franjas: negra, roja y amarilla. Como la bandera de Alemania.

De hecho, Pizarro cree que su apodo Kaiser puede tener como origen los colores germanos de la jineta. “Yo lo intuyo porque tuvo que ver en parte en aquellos años ocupábamos una jineta que tenía negro, rojo y amarillo, y que era cuidada como hueso santo”.

Esta jineta era prácticamente un estandarte: “Entraba al partido y Hernán Romero, que era el utilero, con cuidado te ponía la jineta. Terminaba el partido, la sacaba, la guardaba y como que quedaba santificada, guardada en una cajita hasta el próximo evento. Y fue por mucho tiempo”.

Pero, ¿de dónde salió esa jineta con los colores alemanes. La respuesta hay que encontrarla en el primero que la utilizó: Raúl Ormeño, quien la compró en Estados Unidos.

“El 87 fuimos a jugar a Miami un campeonato donde estaban los equipos colombianos muy de moda en ese entonces, con toda esta cuestión de los traficantes. Quizás nos cargaron y no nos dimos cuenta… y todos buscaban los zapatos Copa Mundial, que no llegaban aquí. Fuimos a comprar y vi la jineta. Hasta ese momento, la jineta todos las usábamos con una tela adhesiva en el pantalón negro. Una blanca. El Condoro (Roberto Rojas) también se había puesto una tela adhesiva en sus camisetas. Y vi esa jineta en vitrina y compré dos, del mismo color, y una amarilla para la camiseta de visita”, relata.

“La que se hizo famosa fue la jineta de los colores alemanes. En ninguna parte decía Alemania y nada”, asegura Ormeño. “Esa la saqué yo, y la empecé a usar. Y después la usó Jaime. Creo que llegó hasta (Marcelo) Espina. 10 años habrá durado”.

Esta compra de la jineta con los colores de la bandera de Alemania le provocó inconvenientes a Ormeño: “Hubo problemas serios de la barra de entonces. A mí me llamaron, no me acuerdo de la barra pero era gente mayor, pertenecía a la barra de Colo Colo”.

“Me llamaron de la barra, que era una barra de señores adultos, no eran estos La Garra Blanca, muy ofendidos porque yo usaba una jineta con los colores de Alemania. Y tuve que explicarles. Yo no tenía idea de lo que pasaba. Yo las compré solamente porque en la camiseta blanca y se iba a notar”

En tiempos más actuales, “(Esteban) Paredes usaba una igual pero con otra cosas, con el nombre de sus hijos”, enfatiza el Bocón.

Esteban Paredes luce una jineta con los ya clásicos colores «alemanes» utilizados por Jaime Pizarro en la Copa Libertadores de 1991.

Por primera vez, un estadio inexpugnable

La Copa Libertadores 1991 fue la primera, además, que tuvo partidos en el Estadio Monumental. Hasta la edición de 1990, los albos disputaron sus partidos coperos como dueños de casa en el Estadio Nacional. Por ello, para muchos la localía en Pedrero fue un enorme aliado para quedarse con el torneo continental hace 30 años.

Si bien el Monumental fue reinaugurado en 1987 con el descenso a la cancha en helicóptero de Cecilia Bolocco, recién pudo utilizarse para compromisos internacionales en 1991 dado que recién ese año fue habilitada la luz artificial.

«El jugar en el Monumental no es lo mismo que jugar en el Nacional. Porque en el Nacional tienes la pista de rekortán y se abre. Pero en el Monumental tienes la gente encima. Es como jugar a lo mejor en La Bombonera. Sientes esa presión de la barra, del hincha. Y eso es lo que tenía Colo Colo en el Estadio Monumental. Sentíamos nuestra presión, pero la sentíamos a favor nuestro, el apoyo», asegura Eduardo Vilches.

 “Fue fundamental porque sentíamos que no podíamos perder con nadie. Esa es la realidad. Bajábamos del túnel y cuando veíamos el estadio repleto, se te ponía la piel de gallina. Y era como que se te inyectaba una energía en que pisabas la cancha y parecía que los rivales… no es que se achicaran, sino que uno sentía algo mágico de que era imposible perder. Fue muy importante lo del estadio. Súper importante”, manifiesta Ricardo Dabrowski.

«Hay mucha importancia en jugar en tu estadio. Mucha. Primero, porque el Monumental se hizo fuerte, se hizo inexpugnable. De hecho en la Copa Libertadores de 1991 nosotros no perdimos ningún partido en el Estadio Monumental. Y eso te da a entender la importancia de jugar con tu gente, está muy cerca, el rival lo siente», sostiene Rubén Espinoza.

«Los equipos rivales no aguantaban esa presión de jugar en el Monumental. Cada año Colo Colo se hizo más fuerte en su estadio porque era mucha gente que hacía sentir esa localía, que siempre va a ser muy importante», añade.

El Estadio Monumental lleno ante Boca Juniors en 1991. Foto: Archivo Copesa.

“Si a lo mejor no hubiésemos tenido el estadio, no hubiéramos salido campeones tampoco. Con toda la experiencia anterior del Estadio Nacional, la gente se quedó frente a Vasco da Gama más de media hora sentada en los tablones, y el siguiente estadio ya teníamos el estadio. Y el estadio es realmente llegaste a mi casa y no sales vivo”, comenta Raúl Ormeño. “El jugador rival siente que le están gritando en contra”, complementa.

Los números de Colo Colo 1991 en el Monumental fueron demoledores: siete triunfos, 20 goles y apenas tres en contra.

El perro Ron

En los incidentes durante el partido entre Colo Colo y Boca Juniors en el Estadio Monumental, uno de los protagonistas no fue un ser humano: el glúteo derecho del arquero Carlos Navarro Montoya fue mordido por Ron, uno de los canes de Carabineros que estuvieron esa noche en Pedrero.

En la actualidad, los restos de Ron descansan en un cementerio para perros que se encuentra al interior de la Escuela de Adiestramiento Canino de Carabineros, en el Cerro San Cristóbal. “Aquí yace el noble ovejero alemán, baluarte de su raza y ejemplo para la especie humana”, se lee en su lápida. Murió el 5 de diciembre de 1992 víctima de un ataque cardiaco.

Ron, un pastor alemán, se convirtió en uno de los perros más famosos de la cultura pop chilena, completando una lista integrada por el gran danés Ulk (el perro del presidente Arturo Alessandri Palma, a quien se le atribuye la frase “mientras más conozco a los políticos, más quiero a mi perro”), el quiltro Washington de Condorito, Tevito (el perro mascota de TVN), Spike (el perrito de Lipigas), Cachupín (nombre genérico de cualquier perro en el programa Video Loco), Don Graf (el perro que lucha contra la delincuencia), Cholito (perro cruelmente asesinado por seres «humanos» que inspiró la Ley Cholito contra el maltrato animal) y el Negro Matapacos.

Lada: El auto del pueblo

Lada fue lo que llamaríamos hoy main sponsor del Colo Colo campeón de América 1991. Para aquella época, la marca de automóviles soviética era la predilecta de taxistas (que utilizaban el modelo Vaz) y de familias de clase media que tenían su primer vehículo, debido a los bajos precios de las unidades que comenzaron a venderse en Chile a partir de 1988.

Sin embargo, apenas siete años más tarde de la epopeya colocolina, Lada dejó de operar en Chile. En 1998, la marca abandonó el país en medio de cuestionamientos debido a que sus modelos emitían una mayor cantidad de gases que la permitida. Además, la competencia creció con la importación de automóviles de nuevas marcas a bajo costo para una clase media con mayor poder adquisitivo en la época de los “jaguares”.

La caída de la Unión Soviética también influyó en la desaparición de la marca en Chile, pues los vehículos que se vendieron en nuestro país entre 1988 y 1998 fueron fabricados por la empresa estatal AutoVaz. Y con la disolución de la URSS, la producción hacia mercados menos rentables (como el chileno) fue disminuyendo hasta llegar a cero.

Pero en 2018, Lada —cuya fabricación ahora está a cargo de una alianza integrada por AutoVaz y un conglomerado entre Nissan y Renault— volvió con tres modelos: Granta Sedán, Kalina Cross (Crossover), Largus Cargo (vehículo comercial) y el Lada 4×4, una versión mejorada del clásico Niva. Eso sí, en este retorno se topó con un competidor fuerte: los autos de origen chino.

Un clásico Lada que se paseó por las calles chilenas. Foto: Archivo Copesa.

En el ámbito de la cultura pop, Lada también es recordada por la emblemática publicidad televisiva que en 1988 protagonizó el atleta lanzador de la bala, Gert Weil, quien levantó y dio vuelta un vehículo de esta marca modelo Samara.

Y en cuanto a Kamaz, la marca de camiones que estaba en la espalda de la camiseta de Colo Colo 1991, esta dejó Chile para no volver hasta estos días. En el recuerdo quedó una clásica publicidad radial que se difundió en medio de las transmisiones de fútbol en amplitud modulada: “Camiones Kamaz, es capaz”.