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Imperdible: El viaje a Chile de la Copa en el mismo vuelo de Olimpia y otras historias de la Libertadores 1991 que ganó Colo Colo

El capitán pudo no estar

Jaime Pizarro fue uno de los grandes referentes de Colo Colo 1991. De hecho, fue quien levantó la Copa al ser el capitán del equipo de Mirko Jozic. Sin embargo, pudo no haber estado aquella noche del 5 de junio de 1991 al haber tenido algunos años antes la posibilidad de emigrar del Cacique.

“Hubo un momento en que con la Selección me tocó jugar la Copa América del 87 en Argentina, donde hubo un buen desempeño. Se jugó la final contra Uruguay, se perdió,  y esto lo cuento porque en realidad existió la posibilidad de que me pudiera ir entre el año 87-88”. Sin embargo, esto no se concretó “por tiempos, por recursos, o por ambas”.

Al respecto, Pizarro sostiene que si bien “me habría gustado muchísimo vivir esa experiencia en ese momento”, hoy asegura que “bajo ningún concepto lo cambiaría por lo que pasó. Porque la experiencia de la Copa Libertadores, del logro, del hito, de lo que tiene como valor, es impagable”.

Jaime Pizarro, capitán de Colo Colo, saluda a su par de Olimpia, Jorge Guasch. Observa el árbitro brasileño José Roberto Wright. Foto: Archivo Copesa.

¿Sin el Rambo?

Otro que pudo no haber estado en el plantel campeón de América fue Marcelo Ramírez: “Ellos (los dirigentes de Colo Colo) apuntaron ese año a la Libertadores y no me permitieron irme al Independiente de Medellín de Colombia”, cuenta el Rambo.

“Me dijeron ‘este año vamos por la Libertadores y te necesitamos acá’. Y yo le competí (a Morón). Yo trataba de meterle presión a Daniel, como tiene que ser una competencia sana en un grupo que estaba peleando por lo mismo. Daniel sabía que lo único que yo quería era quitarle el puesto, pero de la manera sana”, agrega Ramírez, quien en la Libertadores 1991 fue titular ante Liga Deportiva Universitaria en Quito.

Marcelo Ramírez con la medalla de campeón de la Copa Libertadores. Foto: Archivo Copesa

“Cuando (Eduardo) Menichetti (presidente de Colo Colo en 1991) me dice ‘tú te quedas acá porque este año ganamos la Libertadores’, si bien en un momento dije ‘pero por qué me están obligando a quedarme’, después dije ‘esto va en serio porque desde la cabeza está llegando el mensaje que vamos a ir por la Libertadores’. Y mirabas a los jugadores y todos iban por lo mismo. Todos querían lo mismo”, sentencia Ramírez.


“Pensé que me estaban haciendo una broma”

Luis Pérez, autor de dos de los tres goles de Colo Colo en la final ante Olimpia, llegó al Cacique a préstamo de Universidad Católica. Pero al momento que se le informó de su cesión desde los cruzados a los futuros campeones de América, el delantero creyó que todo se trataba de una broma.

“Me sorprendió mucho que me llamaran de Colo Colo para poder invitarme a esta opción de estar en el plantel del año 91”, relata. “Don Jorge Vergara, que estaba a cargo de la comisión de fútbol en ese momento, me llama a mi casa contándome que tenían todo arreglado para que me fuera a préstamo a Colo Colo, cosa que yo no había hablado nunca con don Jorge. No lo conocía en persona, menos su voz por teléfono. Por lo tanto, se dio cuenta que no le creía. Yo pensé que me estaban haciendo una broma”, narra.

“Y él al final del llamado me dice ‘si no me crees, llama al tuto (Juan Carlos) Benítez’, que era el presidente de la Comisión de Fútbol de la Católica y ‘él te va a ratificar lo que te estoy diciendo y después me llamai de vuelta’. Bueno, obviamente lo hice y me encontré con la novedad y la sorpresa de que estaba todo arreglado para ir a préstamo a Colo Colo, por una cantidad equis de dinero y con una opción además de compra”, cierra la historia.

Luis Pérez creyó que su fichaje en Colo Colo era una broma. Foto: Archivo Copesa.

La “broma” terminó con dos goles en la final.


¿Un Loro canario?

Marcelo Barticciotto fue ofrecido para llegar a Universidad de Chile, el archirrival de Colo Colo, pero fue descartado por Manuel Pellegrini. Y menos conocida es la historia de Daniel Morón, quien en 1980 pudo fichar en… San Luis de Quillota.

En efecto, el Loro llegó a probarse a los canarios. Una vez terminadas las evaluaciones de suficiencia futbolística, desde el club le dijeron que regresara a Argentina y que le harían llegar los papeles para ser fichado. Ciertamente, esos papeles jamás le llegaron…

De haber atajado en San Luis, lo más probable es que Morón jamás hubiese utilizado la camiseta de arquero amarilla pues ese es el color de la camiseta titular de los quillotanos.

Daniel Morón atiende a un reportero radial con la medalla de campeón colgada. Foto: Archivo Copesa.

Volver loco al Loco

Gabriel González, delantero paraguayo de Olimpia, fue expulsado en la vuelta de la final de la Copa Libertadores 1991, por un codazo a su marcador, Miguel Ramírez: “Fue difícil marcarlo, pero sabía que volverlo loco. Al loco lo tenía que volver loco. Lo tenía que hablar, lo tenía que molestar porque yo sabía que en algún momento iba a reaccionar. Y reaccionó. Me comí un codazo, pero lo expulsaron y quedaron con uno menos. Eran las mañas que uno iba aprendiendo con el tiempo”.

González fue para Ramírez uno de los atacantes más complicados de marcar. Otro fue el de Nacional, Edgar Borges. “Siento que él fue uno de los pesos pesados que enfrenté, por su fuerza, velocidad, potencia y su blablá”, relata Cheíto.

Años más tarde, el Pompa Borges llegó al fútbol chileno y defendió, sin éxito, las camisetas de Rangers y Deportes Antofagasta.


La Copa Libertadores a ¡Estados Unidos!

Un hecho bastante curioso tuvo la Copa Libertadores de 1991: los equipos colombianos fueron locales en ¡Estados Unidos!

Un año antes, en 1990, Vasco da Gama y Atlético Nacional definían en Medellín su paso a las semifinales del torneo. En Maracaná el resultado fue 0-0, mientras que en Colombia la victoria fue para los locales por 2-0. Sin embargo, los brasileños (que en la ronda anterior habían eliminado a Colo Colo) alegaron que la derrota se debió a las amenazas que habría recibido el árbitro uruguayo Juan Cardelino y a las intimidaciones con armas que habrían sufrido los futbolistas de Vasco.

(Conviene recordar que se está en la época de esplendor de los carteles de drogas).

Ante las quejas de los brasileños, la Conmebol fue implacable: ordenó repetir el partido en Santiago (ganó Atlético Nacional 1-0); y más tarde dictaminó que los equipos colombianos no podían ser locales en su país en la edición de 1991, donde América de Cali y Atlético Nacional compartieron grupo con los venezolanos Atlético Táchira y Sport Marítimo.

El primer duelo entre Atlético Nacional y América de Cali (2-0 para los rojos) se jugó en la ciudad venezolana de San Cristóbal, que es fronteriza con Colombia. Nada extraño… aún, porque ambos equipos resolvieron jugar algunos de sus partidos posteriores como locales en ¡Miami!

Así, en el estadio Orange Bowl de Miami, América de Cali ganó la vuelta 1-0 a Atlético Nacional, venció a Sport Marítimo 2-0 y superó 3-2 a Unión Atlético Táchira; y en ese mismo reducto, Atlético Nacional igualó 0-0 con Atlético Táchira y 2-2 contra Sport Marítimo.

América de Cali clasificó a octavos de final, donde se midió ante Deportes Concepción. En dicha oportunidad, volvió a hacer de local en San Cristóbal (3-3; la ida fue 0-3 para los escarlatas). Parecía que se retomaba la cordura. Pero no: en cuartos de final volvieron a toparse América de Cali y Atlético Nacional, y el juego de ida (0-0) se jugó en el estadio ¡Rose Bowl de Los Ángeles!

En todo caso, aquella fue la última vez que se jugó en Estados Unidos pues la vuelta se disputó en San Cristóbal, con triunfo 2-0 para Atlético Nacional que, de ahí en adelante, se estableció como dueño de casa en la ciudad fronteriza.


Baja absurda

Adriano Samaniego, delantero de Olimpia, se perdió la vuelta de la final de la Copa Libertadores 1991 de la manera más absurda: su revólver se le disparó y la bala le impactó el tobillo izquierdo. Consultado por ello apenas se supo en Chile de este accidente, Lizardo Garrido opinó con sinceridad que “para nosotros es ‘lamentable’, entre comillas porque él es un hombre importante en Olimpia”. De hecho, Samaniego había sido el máximo anotador de la Copa Libertadores de 1990.

Pese a que se dijo en Paraguay que Samaniego podría estar en la vuelta en Santiago, finalmente la delegación guaraní viajó a la capital chilena sin él.

Ahora, ¿Cómo se disparó en el tobillo? Años después, varias versiones se han tejido sobre el hecho. Algunos sostienen que por esos años era frecuente el porte de armas en Paraguay dada una ola de secuestros que se producía durante esa época, y que en ese contexto a Samaniego simplemente se le cayó la pistola mientras se subía a un auto, y se le disparó.

Y otra versión, la del exfutbolista, asegura que tras perseguir a un taxista que lo increpó por los goles perdidos ante Colo Colo en la final de ida, Samaniego se bajó de su camioneta y que en ese momento se le cayó el arma para luego dispararse accidentalmente.

Portada de La Tercera con el accidente de Samaniego.

El hincha que murió tras el 0-0 en Asunción

El corresponsal de La Tercera en la entonces llamada Cuarta Región, Lincoyán Rojas, informó que en Ovalle se produjo el deceso de Guillermo Rolando Rivera Robles, quien perdió la vida debido a un infarto apenas terminó de ver por televisión el partido de ida de la final de la Copa Libertadores disputado en Paraguay. 

“Cuando el árbitro dio por finalizado el encuentro y producto de las intensas emociones vividas en los 90 minutos, le sobrevino un ataque cardiaco”, reza el artículo. Llegó fallecido a la urgencia del hospital ovallino.


Protocolos para la final

El escándalo de la semifinal ante Boca Juniors derivó en la implementación de una serie de protocolos para evitar el ingreso a la cancha de fotógrafos, pasapelotas y los responsables de las mangas ingresaran mientras se jugase la final entre Colo Colo y Olimpia en el Monumental. Al respecto, se dispuso que ellos se ubicaran en el foso, de tal forma que solo los camilleros podían entrar a la cancha si el árbitro lo ordenaba.

Otra disposición adoptada en la final fue que tanto Colo Colo y Olimpia posaran ante los fotógrafos lo más cerca posible de la línea que da hacia la tribuna Pacífico. De hecho, cuando los jugadores albos se disponían para ser fotografiados, un funcionario los obligó a acercarse más a la línea.

Colo Colo posa ante los reporteros gráficos previo a la final contra Olimpia bastante pegados a la línea lateral. Ello tuvo como objetivo evitar que los fotógrafos ingresaran a la cancha. Foto: Archivo Copesa.

A propósito de fotógrafos, para la final estos tuvieron que usar un peto amarillo numerado para identificar rápidamente a alguno que ingresase a la cancha durante el partido.

Por su parte, Colo Colo dispuso de 300 controles para todos los accesos al Estadio Monumental, 50 personas para los servicios, y 18 para cumplir funciones de peloteros, camilleros y encargados de las mangas.

Con respecto al contingente de Carabineros, este estuvo a cargo del comandante Pedro Valdivia y contempló la presencia de medio millar de funcionarios (entre ellos, policías a caballo, con perros y fuerzas especiales).

En tanto, luego el polémico pleito ante Boca Juniors, La Tercera publicó fragmentos de una declaración pública del Sindicato N°3 de Copesa (que hasta hoy reúne a los periodistas, fotógrafos y trabajadores afines) que manifestó “su más enérgico repudio a la agresión de que fueron víctimas reporteros gráficos y funcionarios asociados a este sindicato” y “su más absoluta solidaridad con los colegas tanto de La Tercera y La Cuarta, como de otros diarios, revistas y canales de televisión cobardemente agredidos en el transcurso del partido”.


Escasez de slips rojos

Es sabido que una de las cábalas que tenía Daniel Morón era el uso de slips rojos durante los partidos. Ello lo hacía en Unión de Santa Fe. Pero cuando el arquero llegó a Colo Colo en 1987, “aquí en esa época el slip rojo no existía. Y tenía que andar metido por allá cerca de Vicuña Mackenna… entre Vicuña Mackenna y Maratón están todas las textiles por ahí. Bueno, ahí me iba y hasta que encontré ahí… bueno, ese era mi proveedor permanente de slips rojos”.


«Pendejo«

Miguel Ramírez cuenta que su aspecto juvenil provocaba los insultos de sus rivales. “Me puteaban… me decían pendejo, porque era el más chico. Pero me gustaba que me vieran de una manera distinta a la cual yo reaccionaba, yo jugaba”.

Yo lo disfrutaba, la verdad, yo lo disfrutaba”, afirma Cheíto, quien al momento de ganar la Copa Libertadores 1991 tenía 20 años.

Miguel Ramírez y Rubén Espinoza levantan la Copa Libertadores. Cheíto ganó el trofeo a los 20 años. Foto: Archivo Copesa

A Diego Latorre le tocó recibir

“Generalmente uno se tira cosas (palabras) y se dicen cuestiones y que muchas veces uno se arrepiente de las cosa que dice. Yo le dije una cantidad de brutalidades a (Diego) Latorre en La Bombonera, que a lo mejor uno puede esperar de otros jugadores que sus características son más agresivas”, cuenta Lizardo Garrido.

“Yo lo amenazaba. Es una brutalidad lo que voy a decir: yo lo amenazaba que le metía el dedo en el ojo. Una cuestión irracional. Le decía ‘no te vas a ir a Europa, te voy a dejar sin ojo’. Cosas nada que ver” agrega el defensa aludiendo que el delantero argentino de quién se decía que estaba traspasado a un equipo del viejo continente (llegó a Fiorentina en 1992).

“Acuérdese que acá me gritó el gol… pero después uno se arrepiente. Yo tenía otros compañeros que eran fuertes y en esa se manejaban bien. Yo era otra onda. Pero son las cosas que uno hace”, cierra el Chano.

Precisamente, uno de esos compañeros era Juan Carlos Peralta, quien también protagonizó un episodio con el delantero de Boca Juniors en el juego de vuelta en Santiago.

“En ese partido cuando yo entré, me tocó marcar a Diego Latorre. Y en una yo lo voy a marcar, Diego Latorre viene de frente, lo voy a marcar, y me pega un combo en el labio. Yo quedo en el suelo, y le pregunto a… porque se acerca Jaime Pizarro y le pregunto quién fue: ‘Diego Latorre’. Y como Hernán Romero (el utilero) antes le sacaba un poquito (de filo) a los estoperoles, yo lo esperé nomás, no le dije nada”, relata Peralta.

Minutos más tarde, “Diego Latorre toma un balón y le da un bote, y yo me barro y le tomo la rodilla, con media, canillera, y le hice un pequeño tajo. Ahí me mostraron amarilla. Y él echándome la aniñada. Y ahí el árbitro le dijo ‘tenía que haberte echado antes porque pegaste un combo. Así que calladito’. Ahí quedó con la bala pasada y con así una vena”.


Festejos con fallecidos

Las celebraciones tras la Copa Libertadores que ganó Colo Colo fueron trágicas para 12 personas que perdieron la vida en el contexto de los festejos.

Así lo publicó La Tercera en su portada del viernes 7 de junio de 1991, la que añadió que la algarabía trajo consigo, además, 260 heridos y cuantiosos daños. “¡Celebración de vándalos!”, tituló el matutino, pese a que las autoridades políticas y deportivas habían llamado a los festejos en paz.

La portada de La Tercera que dio cuenta de los trágicos festejos.

«Me alegro que haya salido todo tan tranquilo en el estadio. Ahora, los desórdenes producidos posteriormente escapan a todo razonamiento normal», expresó en la oportunidad el general director de Carabineros, Rodolfo Stange.

Como si esto fuera poco, en Argentina un hincha de Colo Colo falleció tras una riña mientras celebraba en la localidad de Sierra de Los Padres (unos 400 kilómetros al sudeste de Buenos Aires). Según consignó la agencia Reuters, previo al ataque la víctima, Francisco Ñecul Panaqueo (chileno de 41 años) festejaba el título albo en la casa de su victimario, Mario Roldán (45 años).


Homenajeados con Claudio Arrau

Días después de ganar la Libertadores, y con la Copa Libertadores incluida, el plantel de Colo Colo llegó hasta el Congreso Nacional, para ser homenajeados por la Cámara de Diputados. Ese día, el jueves 13 de junio de 1991, algunos honorables incluso llevaron a sus hijos para que conocieran a los jugadores, mientras el diputado Mario Palestro no resistió la tentación y tomó la Copa como si él hubiese sido uno de los campeones.

En el hemiciclo, los futbolistas fueron llevados a un palco de honor, desde donde recibieron el aplauso de los diputados. Pero no fueron los únicos homenajeados de esa jornada pues días antes, el 9 de junio de 1991, en Austria había fallecido a los 88 años el pianista Claudio Arrau (días más tarde, sus restos viajaron hasta su Chillán natal, donde descansan).

Luego del homenaje, los jugadores y los congresistas almorzaron palta reina y camarones, pollo con tallarines con salsa blanca, y de postre helado o fruta según la elección de cada comensal.


La copa viajó a Chile con Olimpia

En diversas entrevistas, Lizardo Garrido ha contado la historia cuando quedó a metros de la Copa Libertadores —el trofeo— en el Hotel Sheraton, el lugar de concentración de Colo Colo. En la ocasión, un camarero lo condujo a la habitación, le abrió la puerta y el Chano se vio frente a la copa. En ese instante, ha dicho, temió una posible mufa.

«Un garzón muy atento conmigo me decía ‘chanito chanito, ven, ven, que le quiero mostrar algo’. Me abre la habitación y está la Copa Libertadores. Lo hizo con súper buena intención. Fui, la vi. Le hablé. Le dije que era la oportunidad de quedarse en Chile, de darle una felicidad a la gente, por favor quédate, te recibimos con los brazos abiertos. No les comenté nada a mis compañeros», evocó.

«No me contó. Era compañero de pieza. Me la tiró después (…) menos mal no la tocó», complementa Jaime Pizarro.

Lo que menos se sabe es que dicho trofeo, el mismo al que Garrido le habló, viajó desde Paraguay, la sede de la Conmebol, en el ¡mismo vuelo que trajo a Olimpia a Santiago para la disputa de la final!

El portador de la copa fue Nicolás Leoz, quien entre el 1 de mayo de 1986 y el 30 de abril de 2013 fue presidente del fútbol sudamericano.

Al llegar el vuelo LAP (Líneas Aéreas Paraguayas) a Santiago cerca de las 10:30 horas del martes 4 de junio, Leoz descendió con el trofeo. Y minutos más tarde, bajó el plantel guaraní.

Nicolás Leoz viajó con la Copa Libertadores desde Paraguay a Santiago en el mismo vuelo de Olimpia. Eso sí, la copa se quedó en Chile. Foto: Archivo Copesa.