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“Si encontraba algo bueno, había terremoto”: Los campeones de 1991 describen la exigencia de Mirko Jozic y las dificultades del comienzo de su era

Tras la dolorosa eliminación a manos de Vasco da Gama en los octavos de final de la Copa Libertadores de 1990, Arturo Salah dejó la banca de Colo Colo y en su reemplazo asumió Mirko Jozic. Para muchos, la llegada del croata fue decisiva para que los albos pudieran ganar el título continental un año más tarde. Sin embargo, la figura de Salah también resalta en este logro ya que desde su arribo en 1986 había consolidado un grupo de jugadores que se convirtió en la base del Colo Colo campeón de América 1991.

“Arturo tuvo un gran mérito de formar este grupo. Pero también reconozco en Mirko Jozic que a este grupo le supo sacar el provecho deportivo, el provecho de jugar al fútbol de una manera muy diferente, por lo menos para ese momento nuestro”, cuenta Daniel Morón. “Y Mirko tuvo esa gran capacidad para sacarnos y extraernos casi todo eso que nosotros veníamos acumulando hace cuatro-cinco años con Arturo Salah, de extraernos todo ese potencial y ponerlo de una manera diferente de jugar. Le sacó un provecho bárbaro”, agrega el Loro.

“Arturo hizo un excelente trabajo, armó un excelente grupo humano, de grandes jugadores, grandes personas, que cuando Mirko lo toma lo potencia, le agrega su impronta, un componente táctico distinto, pero aprovecha toda la base que había dejado Arturo. Los méritos de Arturo son muy importantes, y los de Mirko también”, sostiene Ricardo Dabrowski.

“Creo que el proceso que arranca con él en el año 86 se fue potenciando año a año y creo que en definitiva ese proceso fue fundamental para después, con la incorporación de Mirko, seguir hacia adelante y seguir mejorando. Tanto como uno como el otro tienen muchos méritos desde lo técnico, desde lo profesional y desde lo humano”, estima el Polaco.

¿Si Colo Colo ganaba la Copa Libertadores si continuaba Arturo Salah en 1991? Marcelo Barticcioto estima que “es difícil poder saberlo o imaginarlo, pero podría ser. Porque el equipo campeón tuvo como base el grupo que había formado Arturo. Se incrustaron las contrataciones”.

“Los méritos de Arturo son muy importantes, y los de Mirko también” (Ricardo Dabrowski).

La llegada de Mirko Jozic también implicó un cambio en el trato con los jugadores. Porque si Arturo Salah se mostraba como un técnico cercano y que dialogaba permanentemente con sus dirigidos —lo que era una práctica extendida entre los técnicos nacionales—, el croata mantenía las distancias hablando lo justo y necesario.

“El trato era distinto. Estás con un técnico que era muy cercano desde el punto de vista de conversar con los jugadores a nivel grupal y a nivel individual. Una gran cercanía, en ese aspecto, con Arturo. Y de repente, llega un técnico que te dice ‘no, esto es lo que tú tienes que hacer, esto es lo que hay que hacer desde el punto de vista físico en la semana, estos son los movimientos que tienes que desarrollar el día de la práctica, y esto es lo que tienes que hacer el día domingo’. Así, sin más”, cuenta Rubén Martínez.

En opinión de Luis Pérez, quien pasó de la UC a Colo Colo ese mismo 1991, “Mirko es un tipo mucho más cerrado, más parco. No era un tipo de conversar mucho ni en lo individual ni en lo colectivo. No era un entrenador que te hiciera ver tu potencial o te hiciera ver tus debilidades para poder trabajarlas. No. Él lo veía como en Europa, donde él hace su trabajo y el futbolista debe estar preparado para eso y tiene que hacerlo sí o sí. Y si no, sale y entra otro. En cambio, un poco la línea de los técnicos chilenos que tuve antes de Mirko, ellos eran más paternalistas, eran más de conversar mucho en grupo, en lo individual, de hacerte ver tus cualidades que tenías que potenciar y cuáles son tus debilidades que tenías que corregir”.

Mirko Jozic en la banca de Colo Colo. Foto: Archivo Copesa.

“Fue complejo el cambio. Mirko era muy seco, muy de trato profesional, a la europea. Nosotros estábamos acostumbrados a otro trato. Y nos tuvimos que ir acostumbrando a la manera de ser de él, y él se tuvo que ir acostumbrando a la manera de ser nuestra. Fue difícil. Lo que pasó fue que había un nexo entre Mirko y nosotros, que eran Marcelo Oyarzún, el preparador físico, y el Yeyo Inostroza (ayudante de Jozic). Ellos como que suavizaban un poco, nos iban amoldando a nosotros o diciéndonos, de repente, que las cosas que decía Mirko quizás no las sabía decir o que el trato no era el esperado porque venía de otro lado… entonces, lo fuimos entendiendo”, sintetiza Marcelo Barticciotto.

“Mirko era un técnico no frío. Distante, a lo mejor, de lo que era Arturo Salah. Muy diferente, muy distante en términos de estar encima. Él exigía. Quería que los jugadores cumplieran. Necesitaba respuestas en 30 minutos, en 40 minutos de entrenamiento, en una hora, y con eso para él era suficiente. Él no venía a hacer amigos —terminó siendo amigos de nosotros— pero él venía a exigirle al jugador chileno, exigirle que podía, exigirle lo que no había podido hacer. Y eso tenía que ver no con estar con el látigo, pero sí estar permanentemente buscando la perfección. Y eso yo siento que costó al comienzo en el grupo”, opina Patricio Yáñez.

“Fue complejo el cambio. Mirko era muy seco, muy de trato profesional, a la europea. Nosotros estábamos acostumbrados a otro trato. Y nos tuvimos que ir acostumbrando” (Marcelo Barticciotto).

Choque con los mayores

Cuando Arturo Salah aún era el entrenador de Colo Colo, Mirko Jozic había trabajado un tiempo en las divisiones inferiores albas. Y un episodio de aquella época provocó cierta resistencia entre los futbolistas más experimentados cuando el croata asumió la conducción del primer equipo en 1990.

Según recuerda Daniel Morón, cuando Jozic estaba en las cadetes de Colo Colo “hizo unos comentarios de que el fútbol era muy lento, de que había jugadores que ya no podían estar jugando con esa lentitud. Y vos sabés cómo es el jugador de fútbol, todo lo deja guardado. Y cuando (Jozic) vuelve un par de años después a hacerse cargo del primer equipo, hubo ahí un poco de resistencia de jugadores que se sintieron tocados”.

“Al principio tuvimos problemas con Mirko, de adaptación. Yo tuve problemas”, expresa Lizardo Garrido, quien con el croata pasó a ser de lateral derecho a líbero. Aquel solo fue uno de los numerosos cambios en el esquema táctico que implementó Jozic, y que a la larga le darían exitosos resultados.

“Cuando iniciamos el trabajo con Mirko, fue novedoso, fue llamativo. Para el primer partido nos costó adaptarnos. Nos costó entrar en juego porque veníamos saliendo de una línea de cuatro, con dos volantes de contención, donde se le daba mucha importancia a la tenencia del balón, para cambiar bruscamente a este trabajo vertiginoso de ir a presionar arriba, de no dejar pensar al rival. Cada uno tenía su responsabilidad en ciertos sectores de la cancha”, describe Rubén Espinoza.

Por otro lado, el “español medio chamullado” (según define Gabriel Mendoza) estuvo lejos de ser lo más difícil de comprender entre lo que salía de la boca del entrenador. «Por muy bien que jugabas, te destacaba más lo que tenías que mejorar», sostiene Miguel Ramírez. “Nos exigía a todos por igual. Pero Mirko nunca estaba conforme con nuestro rendimiento por muy bien que hayamos jugado, por muchos goles que hubiésemos convertido. Mirko decía: sí se puede más. Siempre nos pedía más”, añade Cheíto.

“Si encontraba algo bueno, había terremoto. Eso es la exigencia, lo exigente que era Mirko con el equipo de ese entonces”, completa el Coca Mendoza.

Un episodio emblemático es el partido del 11 de noviembre de 1990, en el Estadio Monumental, en que Colo Colo goleó 6-0 a Santiago Wanderers. Ese día, los hinchas y los jugadores estaban contentos por el resultado… menos Mirko Jozic. “Nos retó a todos en el camarín porque no habíamos hecho más, porque nos relajamos, pero resulta que ganamos por seis”, dice Jaime Pizarro.

“Nos chocaban cosas de Mirko. Por ejemplo, que ganábamos 6-0 y llegaba echando mil puteadas en el camarín”, reconoce Ormeño.

Mirko Jozic levanta los brazos junto a los campeones. Sin embargo, el inicio no fue fácil. Foto: Archivo Copesa.

Sin embargo, los jugadores mayores apelaron a la madurez del grupo para entender que si Mirko Jozic era distante y les destacaba más los aspectos que se debían mejorar, ello era simplemente la forma de ser del croata. “Ahí fueron muy importantes tanto el Yeyo (Eddio Inostroza, ayudante técnico de Jozic) como Marcelo Oyarzún (preparador físico). Ellos eran los encargados de hacer el nexo o llevar las relaciones con el grupo y el plantel, considerando que en ese tiempo había jugadores de trayectoria y de mucho peso en el equipo, partiendo por Morón, el Chano, Ormeño, Garrido… eran pesos pesados. No era fácil que llegara un técnico a cambiar todo. Y al principio hubo rechazo. Pero luego él nos convenció”, explica Leonel Herrera.

Según Patricio Yáñez, cuando en el equipo se creía que se jugaba bien “Mirko inmediatamente te decía: ‘no poh, no fue así. Fallaste acá, en esto otro, perfecto en lo otro, pero cosas que mejorar’. Siempre te daba en su crítica la oportunidad de mejorar. Y eso fue clave”.

Miguel Ramírez aporta otro elemento en el análisis: “Los mayores fueron entendiendo mejor a Mirko. Lo fueron aceptando en la medida que el equipo fue ganando. Mirko era muy pro juveniles, muy pro jóvenes. Entonces nos dio muchas opciones de jugar. Y nosotros también teníamos una responsabilidad porque Mirko nos estaba poniendo. Entonces, teníamos que respaldar esa determinación jugando bien, entregándonos al máximo, haciendo buenos partidos. Pero a los mayores, al Chano, a Raúl (Ormeño), a Rubén (Espinoza), a Ricardo (Dabrowski) más les costó adaptarse a Mirko”.

De hecho, con el tiempo el equipo comenzó a disfrutar de los partidos con Jozic en la banca, según Cheíto: “Yo siento que los mayores lo fueron disfrutando en la medida que fuimos ganando, cuando se fueron dando cuenta que sí se podía, que no era tan loco lo que está pidiendo Mirko. No es que él fuera tan pesado, tan exigente, tan drástico, sino que era su forma de ser. Nosotros como jugadores lo fuimos entendiendo más, y él fue entendiendo por nuestra idiosincrasia”.

“Siento que los mayores lo fueron disfrutando en la medida que fuimos ganando, cuando se fueron dando cuenta que sí se podía, que no era tan loco lo que está pidiendo Mirko” (Miguel Ramírez).

“Era su forma de ser, y nosotros no íbamos a cambiar su forma de ser. Nosotros seguimos apoyando lo que él decía y pensando en nuestros objetivos. Mirko nos estaba entregando cosas, después lo fuimos aceptando como él era, porque no lo íbamos a cambiar”, explica Ormeño.

Quien declaró no haber tenido problemas con el trabajo de Jozic fue Patricio Yáñez, dada su experiencia en el fútbol español con las camisetas de Betis, Zaragoza y Valladolid: “Yo venía acostumbrado porque los técnicos en Europa funcionaban así. Para mí era muy familiar la forma de ser de Mirko Jozic. De hecho, fui cercano a él en conversaciones futbolísticas. Me fue muy fácil dialogar, me fue muy fácil entender lo que Mirko pretendía de mí futbolísticamente”.

La revolución táctica: «El tiempo le dio la razón»

Rubén Espinoza describe los cambios que hizo Mirko Jozic y que posteriormente le dieron como mayor resultado la obtención de la Copa Libertadores de 1991.

“Mirko le fue sacando rendimiento a cada uno de acuerdo a sus características. Y lo fue posicionando en lugares. Por ejemplo, Jaime (Pizarro) jugaba como volante. Con Arturo (Salah) jugaba como volante de contención o volante mixto. (Jozic) Lo utilizó en esa línea de tres como volante externo”, explica.

“En el caso personal me decía a mí que era muy lento para hacer la función de volante por la derecha”, recuerda Espinoza, quien con el croata destacó como volante creativo. “Mirko pensaba que sus hombres de los costados tenían que ser más rápidos. En ese momento tenía 28 años y a lo mejor no tenía la velocidad para recorrer 60-70 metros. Yo creo que ese fue el motivo por el cual Mirko también me cambia de posición”, añade.

Además, dice Espinoza, “él tuvo la inteligencia y estrategia de colocar a Miguel (Ramírez) y a Javier (Margas), que eran unos animales” en la posición de stoppers. “El que jugaba atrás (Lizardo Garrido), estaba happy”, remarca.

“El equipo rival entraba con dos menos porque estos (Ramírez y Margas) nos los dejaban hacer absolutamente nada”, acota Garrido.

Prosigue Espinoza: “Después (Jozic) ‘tiró’ a Gabriel Mendoza, le daba libertad. Utilizó al Lalo Vilches estratégicamente en una función como delante de los stoppers. Él sabía las condiciones de cada uno y a cada uno le entregaba su responsabilidad. Yo tenía que tomar al seis, aunque no tomara la pelota”.

Tácticamente Mirko nos revolucionó y nos revolucionó el fútbol”, subraya Eduardo Vilches.

Mirko Jozic muestra la medalla en la premiacion del 5 de junio de 1991. Foto: Archivo Copesa.

Gabriel Mendoza destaca lo “adelantado” del sistema de juego de Jozic “con tres centrales; dos laterales volantes; un volante de contención; un volante de creación; tres delanteros potentes, rápidos y goleadores; dos laterales volantes que el ida y vuelta era incansables, imparables; dos stoppers perros; y un Chano Garrido en una posición que lo llevó a la gloria”.

La diferencia por ahí entre Mirko y Arturo, que Arturo prefería un juego más elaborado y Mirko un juego más directo. Nosotros en tres pases estábamos en el área de enfrente. Entonces, la diferencia que se daba es que con Mirko no había tanto traslado de pelota sino que era un equipo muy punzante”, acota Ricardo Dabrowski.

“Se buscaba mucha intensidad, mucha precisión, ser un equipo rápido, directo. Para ello contábamos con un preparador físico que estuvo en altísimo nivel como Marcelo Oyarzún, muy cercano a uno, muy exigente”, sostiene Patricio Yáñez.

“Nosotros jugábamos con línea de cuatro con Salah y Mirko, de entrada, empezó a jugar con línea de tres, que en ese momento no era habitual, menos en los equipos de Sudamérica. Y la verdad es que en seguida le agarramos la mano y nos gustó. Porque, en definitiva, cuando uno empieza a jugar con un sistema nuevo, te tiene que avalar el ganar también, para el respaldo de lo que está haciendo el técnico. Para la confianza. Y empezamos a ganar y a solidificar el sistema y nos fuimos metiendo. Nos puso su impronta, nos empezó a inculcar ciertas cosas tácticas. Tenía jugadores inteligentes también, porque los técnicos dependen de los futbolistas también”, resume Barticciotto.

Él en su mente, en su mapeo, articuló la idea de ser un equipo tremendamente agresivo, con marcación al hombre en defensa… no digo que haya sido el primero, pero fue revolucionario para ese momento, entendiendo que Colo Colo venía de una tradición, de una línea futbolística muy distinta. Y juntó piezas y juntó muchas características para entender que su sistema iba a ser muy agresivo”, refuerza el Pato Yáñez.

«Él (Jozic) en su mente, en su mapeo, articuló la idea de ser un equipo tremendamente agresivo, con marcación al hombre en defensa… no digo que haya sido el primero, pero fue revolucionario para ese momento» (Patricio Yáñez).

Con Jozic, más valía cumplir. Así lo ilustra Juan Carlos Peralta: “Si a nosotros se nos escapaba el delantero y el delantero nos hacía un gol, ni se imaginan cómo nos trataba… nos ponía en el techo Mirko. No con garabatos, pero era una falta muy grave porque nosotros no teníamos que dejar a los delanteros”.

“Entre su croata español que tenía, de repente no le entendíamos nada. De repente veíamos que estaba enojado. Y entendíamos que realmente no estábamos haciendo bien las cosas”, dice Vilches.

Marcelo Barticciotto narra una anécdota: “En el asiento donde me cambiaba en el camarín, arriba donde estaba el perchero para dejar la ropa, yo tenía un foto de mi hijo recién nacido, de Lucas. Había nacido en el año 90. Y después de un partido donde yo no había andado muy bien, viene Mirko y sin decirme nada antes, me pregunta ‘¿Lucas duerme?’. Sí, le digo. ‘Como el papá en la cancha…’ Eso fue como al mes que había llegado (Jozic). No lo tomé mal, pero fue como un golpe. Mirko era así, muy seco. De repente era un chiste, pero muy frío para decir las cosas. Después lo fuimos conociendo”.

“El tiempo le dio la razón a Mirko, porque tuvo la capacidad de colocar a los jugadores en la posición que más le correspondía: Gente joven atrás, en las marcas individuales, como el caso de Miguel y Javier, y a nosotros en posiciones mucho más ofensivas”, cierra Espinoza.