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“Me creía bonito”: El día en que Miguel Ramírez fue llamado a terreno para evitar que el asedio mediático y de las fans lo desenfocara del fútbol

De todos los jugadores de Colo Colo 1991, el preferido del público femenino era el joven defensa Miguel Ramírez, cuyo apodo Cheíto se debió al parecido físico con actor venezolano Manuel Carrillo, quien en la teleserie Abigaíl (emitida por TVN en 1989 y 1990) interpretó al personaje Cheíto. Ello, ciertamente, atraía la atención de medios que no necesariamente eran expertos en fútbol.

Al día siguiente de la obtención de la Copa Libertadores, Ramírez (20 años en ese momento) acudió al programa Éxito, de Canal 13, uno de los clásicos televisivos de la época. «Recién hoy día estamos despertando. Recién hoy día estamos tomando conciencia de lo que hicimos. Muy feliz porque la gente está contenta. Nosotros respondimos a lo que la gente esperaba», respondió Cheíto a José Alfredo Fuentes, quien en la presentación le hizo ver la admiración que las fans sentían por él.

Ramírez concurrió al espacio televisivo junto a Rubén Martínez, Rubén Espinoza, Raúl Ormeño y Luis Pérez. «Uno la experiencia la va adquiriendo de a poco en la cancha y con las personas que uno se junta. Ha servido bastante estar con compañeros que están apoyando, los de más experiencia», dijo al referirse al trato de sus compañeros más veteranos.

A 30 años de la conquista de América, Lizardo Garrido y Ramírez cuentan el momento en que Cheíto fue llamado a terreno para evitar que se desenfocara del fútbol debido este asedio mediático y de las fans.

“Me retaron”

El diálogo es al interior de las salas de La Tercera entre Lizardo Garrido y el Cheíto Ramírez.

—Yo no sé si, Miguel, tú te acuerdas ¿No te acordai, entonces?… ¿del callampazo que te llegó? ¿Te acordai del Cheíto? Toda la gente iba a ver al Cheíto, todas las niñas, las cartas al Cheíto…

—Me retaron. Me llamaron a terreno.

— Y yo era el compañero de pieza en las concentraciones y ahí lo llamamos. Yo estaba, el Bocón (Raúl Ormeño), no sé, y lo llevamos donde estaban las duchas. Ahí. Y le dijimos… no puedo decir los términos que le dijimos. Eran fuertes, le echamos puteadas… que erai importante para este grupo, así que después todo lo que querai, que se yo. Y Miguel lo entendió, porque realmente era importante.

—Uno no está preparado para eso —explica Ramírez—. Ahora se prepara más al jugador. Hay sicólogos, asistentes sociales, pero en esa época no. Pasar de Lo Prado a salir en prensa, a tener esa exposición que uno pasa a tener, es difícil asumirla. Por eso siempre he dicho: uno se termina de formar en el primer equipo, con los más grandes. Y siempre he reconocido en ellos el término de la formación de uno. Ahí uno se va a haciendo la persona. Porque es fácil, en el fútbol hay muchas tentaciones (…) me creía lindo. Efectivamente, me creía bonito. Me creía bonito de verdad.

—Lo que pasa es que yo sabía que tenía a estos doberman, que eran Miguel y Javier (Margas). Y tenían que estar bien para mí (Garrido era el líbero, y Ramírez y Margas los stoppers).

Lizardo Garrido y Miguel Ramírez en camarines. Foto: Archivo Copesa.

Las reflexiones de Ramírez

Pasados algunos días de este diálogo, Ramírez se explaya: “Cuando vino todo el boom de Copa Libertadores y el equipo seguía ganando, hubo muchas entrevistas, mucha prensa, mucho autógrafo, mucha foto. Pasar del barrio de Lo Prado a aparecer en televisión, en los diarios, es un golpe fuerte y uno no está preparado para eso. Porque uno no lo dimensiona, y más estando en un equipo como Colo Colo. Pero es ahí donde está la fortaleza del equipo, cuando los mayores te llaman a terreno y te dicen: ‘para con las entrevistas, para con tanto autógrafo, llega más temprano, no te relajes…’ te llaman a terreno y eso es fundamental”.

Producción de la época con jugadores jóvenes de Colo Colo más algunos experimentados. Foto: Archivo Copesa.

Y desde el lado de quien es llamado a terreno, dice Ramírez, “ahí está la capacidad de uno de escuchar, de reaccionar y aceptar lo que te están diciendo. Porque si hubiese sido a lo mejor una persona agrandada, capaz que no hubiese ‘pescado’ y mi rendimiento hubiese sido otro, mi forma de ser hubiese sido otra… pero lo tenía claro. Y a veces es muy necesario que te llamen la atención un poquito”.

“Los mayores lo han vivido, ya lo vivieron. Entonces, qué mejor que te lo digan tus propios pares, que te llamen la atención ellos, por la experiencia que ellos han vivido”, acota.

Por eso siempre nombro al Chano, a Raúl, a Jaime (Pizarro), a (Daniel) Morón, a (Ricardo) Dabrowski, que fueron los mayores y que nos guiaron. Y los que siempre estuvieron ahí para darnos esa manito necesaria para encontrar nuestro propio camino, nuestro propio destino”, sentencia.