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El fútbol y el futbolista de hace 30 años: Otras reglas, un juego más violento, una Libertadores que se jugaba fuera de la cancha, y un estilo de vida diferente al actual

Que el fútbol de hace 30 años era distinto al actual, no cabe duda. Y ello vale desde lo más básico, pues las reglas que regían el juego también eran diferentes. En ese contexto, muchas veces se repitió la escena en que cuando el arquero Daniel Morón cortaba un centro (una de sus especialidades), inmediatamente debía jugar la pelota desde esa misma posición ya que no podía ganar metros corriendo hasta el borde del área para despejar el esférico, como lo hacen los porteros actuales.

O cuando Lizardo Garrido le jugaba con el pie hacia atrás el balón al portero, y este podía tomarlo con las manos. Hoy, esa acción está penada.

«Fue lo mejor que hizo la FIFA, cambiar esa regla y poner la que existe. Porque le dio, primero, más dinámica al fútbol. Segundo, obligó al arquero a tener que utilizar ambas extremidades, los pies, y ser más parte del juego. Hoy el arquero tiene un aspecto súper importante en la creación del juego ofensivo», opina Morón. «Me parece bien ese tema de que hoy el arquero esté mucho más capacitado para resolver situaciones con los pies», añade.

Morón recuerda la Copa Chile 1994 en el Estadio Nacional, cuando Marcelo Salas le quitó el balón y le marcó un gol por Universidad de Chile. Para esa fecha, ya estaba prohibido tomar el balón cuando este le era cedido con el pie por un compañero.

«El avance que han tenido que tener todos los porteros, de jugar con ambas extremidades. Yo era la derecha. Y si me venía a la izquierda, acuérdate lo que me pasó con Salas. Y eso me pasó por no tener pierna izquierda. Porque lo engancho a él, la pelota me queda en la izquierda. Y cuando me aparece él… pah, gol», revive.

En 1991 los ganadores de partidos solo sumaban dos puntos pues recién en el Mundial de Estados Unidos 1994 se estableció el premio de tres puntos para los equipos vencedores, y en Chile comenzó en la temporada 1995.

También hace 30 años no existía la obligación del uso del apellido de los futbolistas en las camisetas en los partidos internacionales. Por lo general, el número de suplentes era de cinco jugadores (y no los siete que suelen estar en la actualidad) y rara vez se hacían los tres cambios que (al menos hasta antes de la pandemia) generalmente efectúan los entrenadores actuales.

De igual manera, el juez de línea que corría por la línea de la tribuna oficial portaba un banderín amarillo, mientras que quien lo hacía por el otro costado llevaba uno rojo. Ah, ni hablar del tablero electrónico para indicar los cambios: se utilizaba una paleta para cada número (por lo general, blanca con el número negro).

Otra costumbre perdida era la entrada a la cancha, en partidos internacionales, de los dos equipos por separado, lo que siempre derivaba en una intensa rechifla para los elencos visitantes: hoy deben ingresar juntos al campo.

Y fuera de la cancha, los hinchas debían comprar en boletería sus entradas mientras que hoy aquel trámite se realiza por internet. Y la televisión abierta dejó de tener hace ya varios años los derechos de transmisión de los torneos internacionales.

La Copas Libertadores de antes

“El fútbol era más fuerte, era más a veces hasta más sucio. Si bien hoy uno puede decir que se magnifica un poco más, antes era sucio definitivamente. En algunos momentos muy violento. Yo creo que me tocó vivir parte del término de los 80 toda esta transformación que tuvo aspectos reglamentarios, médicos y aspectos de infraestructura, que fueron derivando en que el fútbol tuviera un upgrade, una mejora”, afirma Jaime Pizarro

En este sentido, las Copas Libertadores de antes también eran diferentes, según Raúl Ormeño. “En esos años, en los primeros minutos, las Copas Libertadores eran sanguinarias. No te echaban nunca para fuera, por más fuerte que fuera. En esos mismos años hay un jugador (Julián) Camino, que fracturó a Percy Rojas, un jugador peruano, y no lo echaron. No echaban a nadie (en los primeros minutos). Era diferente jugar Copa que campeonato nacional. No tan fuerte, pero agresivo”.

Colo Colo enfrentó en la Copa Libertadores 1991 a Nacional de Montevideo en el Estadio Centenario, una de las canchas más difíciles de Sudamérica.

«Era mucho más brusco, más violento, más agresivo, había mucho más temperamento en aquel entonces que hoy en día. Y quizás hoy en día también lo hay. Pero se cuida al jugador porque hay muchas cámaras. Antes no había tantas cámaras. Antes tú podías hacer, entre comillas, de todo», añade Eduardo Vilches.

“Hoy en la Copa Libertadores los partidos son de guante blanco. Parecen en general —puede haber excepciones— partidos de colegio, partidos amistosos. La Copa Libertadores antes era dura, te pegaban. Y si uno lograba en un momento simular o exagerar, esa era una manera de protección porque la patada ¡te la pegaban! Y muchas veces los árbitros, sobre todo cuando jugabas afuera, no se atrevían a mostrar roja. Era difícil una tarjeta roja”, explica Patricio Yáñez.

«En esos años, en los primeros minutos, las Copas Libertadores eran sanguinarias. No te echaban nunca para afuera, por más fuerte que fuera» (Raúl Ormeño).

En cuanto a lo deportivo Daniel Morón afirma que, antaño, los equipos chilenos “por lo general siempre estábamos en segunda fase. Lo que nos costaba era pasarla”.

El Loro también hace un punto sobre la preparación física recordando que era “duro ir a jugar a Paraguay, por ejemplo, con el tema de la humedad, el calor. Duro ir a jugar a Ecuador, especialmente cuando ibas a jugar con Barcelona de Guayaquil. También, duro, porque te ponían en horario del mediodía con cuarenta y tantos grados, con una humedad del 40 y tantos por ciento. Era complicado. Y si no, te tocaba ir a la altura de Quito. Si bien para los chilenos es más accesible, no deja de ser una dificultad. Y antiguamente era mucho más. Hoy los parámetros físicos se han equiparado tanto que vos vas a jugar a Calama, lo que para nosotros era una dificultad, (ahora) los equipos van a Calama y pasan como si nada”.

El Lalo Vilches también se refiere a los entrenamientos: “Yo me acuerdo que en Magallanes nos hacían correr 30 minutos, 40 minutos, 1 hora, en la misma arena y métale. Ahora no. Ahora a lo mejor te hacen los mismos 40 minutos pero tramos cortos. 10-15-20 metros máxima velocidad, pausa, un minuto, 20 segundos, otra vez, vamos. Haces el mismo recorrido, pero a un ritmo de partido”.

Los ambientes hostiles que debieron enfrentar los equipos chilenos cuando jugaban partidos de Copa Libertadores en otros países eran otro tema recurrente de la época.  

“Jugar afuera era un suplicio. Era muy complicado. Porque antes se hacían todas las artimañas habidas y por haber. Te cerraban los camarines, después dejaban el agua hirviendo, te ponían estufas en el verano, te prendían calefacción…todo lo que se podía hacer, lo que era indebido, se hacía. Y uno tenía que jugar en contra de todo. Aparte, la gente era complicada. Porque antes no te suspendían el estadio. Era más complejo que lo que pasa ahora: cualquier cosita te lo suspenden, te sacan los puntos. Antes no pasaba nada de eso”, describe Marcelo Barticciotto.

“Con Boca, en Buenos Aires armaron (en el hotel) una fiesta la noche anterior al partido. Llenaron de mujeres, de modelos… el ruido, el tránsito por los pasillos… eran todas provocaciones para tentarte, para no descansar. Y ahí, obviamente, estuvimos muy aferrados al tema disciplinario, para no caer en provocaciones, en nada”, narra Leonel Herrera.

Lizardo Garrido cuenta su versión: “Cuando llegamos al hotel a jugar con Boca, cenamos y había una cuestión llena de stands en un salón del Sheraton. Puras modelos en ropa interior. O sea… por supuesto terminamos de cenar y fuimos a ver. Y estábamos a esta distancia, que podías ver a la modelo con ropa interior. Y Mirko, la seguridad, y Marcelo Oyarzún, que andaban como con cuarenta ojos… yo no sé, estaría hablando demás si estaba a propósito. Lo único que tengo claro es que fue muy rápido que nos tuvimos que ir a las habitaciones. Al toque. Nos sacaron de un ala”.

Herrera retoma: “El día del partido vamos con escolta, nos sacaron cuatro horas del hotel, nos dan vuelta, nos entran por donde está la barra de Boca y ‘casualmente’ la patrulla que nos llevaba queda en pana y nosotros al medio. Nos movían el bus, nos tiraban cosas. Nos pidieron que cerráramos las cortinas y que nos echáramos en el piso para no tener algún percance”.

El delantero prosigue: “Me acuerdo que iba sentado con el Rambo (Marcelo Ramírez). Y en el asiento de adelante iba un dirigente. Nosotros abrimos un poquito (la cortina) para ver como estaba todo. Y este dirigente hace lo mismo: abre la cortina y un tipo abajo saca una pistola y lo apunta. Y el dirigente cierra la cortina, se tira debajo del asiento y nosotros lo mismo. Te podías esperar cualquier cosa. Ese era el ambiente en la previa de la llegada a La Bombonera”.

Ya en el partido en el estadio de Boca Juniors, Herrera cuenta que “te asomabas en la banca y tenías público encima, a medio metro. Los tipos orinaban en los vasos plásticos, se agachaban, y nos tiraban la orina hacia la banca. Nos escupían ¡te llegaba de todo! Realmente te hacían sentir la localía, la diferencia. Antes no tenías ‘mil’ cámaras como hoy. Se sentía la localía de los árbitros, que se cargaban a favor del anfitrión. Y todos esos obstáculos se fueron pasando”.

“Hoy en la Copa Libertadores los partidos son de guante blanco. Parecen en general —puede haber excepciones— partidos de colegio, partidos amistosos» (Patricio Yáñez)

También existía la presión psicológica reflejada en el slogan “La copa se mira pero no se toca”, promovido desde el Atlántico. De hecho, hasta antes de Colo Colo 1991, solo Atlético Nacional de Colombia en 1989 había sido el único campeón de América del Pacífico. “La presión es fuerte, la historia pesa en un momento determinado”, reconoce Rubén Martínez.

A ello, también se le sumaban los fracasos de los equipos chilenos en las finales anteriores: las dos que perdió Cobreloa en la década de los 80, la de Unión Española en 1975, y la que le fue arrebatada a Colo Colo en 1973 a manos de Independiente de Avellaneda, en una serie decisiva que estuvo marcada por los escandalosos arbitrajes favorables al cuadro argentino.

“Nosotros veíamos muy difícil esta situación de poder ganar una Copa Libertadores por los procesos que habíamos vivido anteriormente, en los 80 y 70 que, desafortunadamente, más allá de las cualidades técnicas o de lo que realmente podía importar (…) todo el mundo lo reconoce con el tiempo: que los arbitrajes nunca fueron parejos, que siempre había una especie de mano negra metida, sobre todo, a favor de los equipos uruguayos, paraguayos, argentinos; que en alguna medida manejaban la Conmebol, manejaban el arbitraje; y un montón de cosas que a nosotros no se nos daban, no la manejábamos ni tampoco caíamos en esa turbiedad”, reflexiona Luis Pérez.

El delantero incluso reconoce que en 1991 se hubiese podido perjudicar a Colo Colo: “En alguna medida, íbamos a pelear a mano limpia con los equipos, cosa que claramente los otros equipos no hacían. Había una cierta duda de que, en algún momento, podían bajarnos a nosotros por intereses, obviamente, muchos mayores para otros equipos. En lo económico, en lo deportivo… que, a lo mejor para la Conmebol u otra entidad, era mucho más importante que llegara Boca o Nacional u Olimpia a jugar a Tokio… eso era a lo mejor mucho más llamativo que fuera Colo Colo”. Afortunadamente, esto último no aconteció y los albos jugaron la Intercontinental contra Estrella Roja.

Patricio Yáñez adhiere: “¡Si antes te metían la mano en el bolsillo! Yo no había jugado Copa Libertadores, pero había estado en eliminatorias, en clasificatorias. Y yo sentí muchas veces como los árbitros te metían la mano en el bolsillo descaradamente”.

El futbolista de antes

Las condiciones materiales para la práctica del fútbol también eran diferentes. El uso de los zapatos de fútbol es un buen ejemplo: “Muchos comprábamos un zapato que era más durable. Y después la forma, cuando se rompía el cuero, era llevarlo en aquella época a Soccer. Y en Soccer sacaban la planta y le inyectaban un nuevo cuero y vamos con el zapato de nuevo”, evoca Jaime Pizarro.

“Era distinto. De verdad, era otro contexto. Por supuesto, en aquella época que un jugador tuviera tres pares de zapatos debe haber sido contado con una mano. No era habitual, para nada”, añade el Kaiser.

“Muchos zapatos no teníamos tampoco. Jugábamos con Soccer, que era una fábrica chilena. Jugábamos con eso, que no eran los mejores zapatos. Eran pesados y todo, pero para esa época estaban buenos”, acota Marcelo Barticciotto.

Miguel Ramírez cuenta que “mis primeros zapatos de fútbol de calidad me los regalaron. Fue Óscar Rojas. Pero él calzaba 38 y yo calzaba 41, y los dedos me quedaban doblados, pero eran Adidas, eran (modelo) Copa Mundial. Eran tremendos zapatos y los usé igual. Y son cosas que a uno lo marcan. Nunca me voy a olvidar de esos Copa Mundial Adidas que me regaló Óscar Rojas, que eran de pepa y los ocupaba para jugar. Terminaba con los pies hecho mierda… ¡pero eran Adidas!».

En cuanto a la indumentaria, Pizarro recuerda que “los equipamientos eran los justos, los mismos clubes hacían todo el tema de la limpieza, y veías los colgadores con vendas, con poleras, con la ropa para el día siguiente. Muy rápido. Y si terminaba su uso en el plantel, pasaba inmediatamente a las series menores. Cuando estábamos en cadetes y llegaba la ropa del plantel, para nosotros era un lujo: era la ropa que usaron los jugadores del plantel y nos llegaba a nosotros. Era maravilloso. En ese aspecto, era muy amateur”.

Miguel Ramírez exhibe la camiseta con que jugó la final ante Olimpia el 5 de junio de 1991. Foto: Rodrigo Retamal.

Lizardo Garrido, compara cómo fue ser cadete en sus tiempos y los que hoy integran las divisiones inferiores en Colo Colo.

“Las comodidades que tienen hoy en día los chicos… hay varios que tienen auto y están en juvenil, y todavía no debutan. En cadetes hay un cuerpo de médico, sicólogo, asistente social, kinesiólogo, tienen la Casa Alba, de repente no están bien en una materia y Colo Colo le contrata profesores. En Colo Colo tenemos todo para que un chico se pueda desarrollar lo mejor posible”, dice el Chano.

También las aspiraciones de los cadetes eran diferentes, según acota el delantero Luis Pérez: “Hoy los chicos, con toda la publicidad que tiene el fútbol, con todos los referentes que tiene, con la globalización que ha tenido el fútbol a través del cable, donde ellos tienen la posibilidad de ver fútbol toda la semana, de darse cuenta el estilo de vida que tienen los grandes jugadores, lo que pueden llegar a ganar, sin duda es distinto a lo que nosotros vivíamos”.

“No teníamos el bombardeo de información que tienen los niños hoy del fútbol. Nosotros con suerte veíamos un partido que cada cierto tiempo lo transmitían, porque no había cable, internet… los partidos nacionales cada cierto tiempo se transmitía, cada cierto tiempo la selección. Lo que a nosotros nos movía, y siendo súper sincero, era jugar al fútbol en su momento. Yo jugué al fútbol porque lo disfrutaba, porque me gustaba”, agrega.

Y Miguel Ramírez, que debutó en 1988 en el primer equipo de Colo Colo, hace un paralelo con los futbolistas que debutan en sus primeros equipos en la actualidad: “Ahora hay mucha más tecnología, muchas más cosas a la mano, que ahora existen los representantes que al jugador joven que ve con proyección le regalan zapatos de 150-200 mil pesos… y de su talla, que le quedan bien, le regalan ropa. Es mucho más fácil para el jugador en estos años, a diferencia de los años anteriores”.

Los traspasos de futbolistas entre clubes profesionales también eran diferentes ya que muchos de ellos se gestaban entre dirigentes. Ese fue el caso de Luis Pérez, quien a través de una llamada de Jorge Vergara se enteró que Universidad Católica y Colo Colo ya tenían acordado su préstamo en 1991 a los albos.

“Los clubes, los dirigentes son los que en alguna medida manejaban tu situación laboral. No existía tampoco tan fuertemente el tema de los representantes. Tampoco. Eran escasos los jugadores que tenían representante, porque se veía que un jugador que tuviera representante era poco menos que Pelé o Maradona… entonces era verlo muy agrandado a un jugador que tuviera representante. Entonces, era muy escaso. Tampoco había personajes que se dedicaran tanto a eso en Chile. Por lo tanto uno dejaba esa situación de los traspasos más a los dirigentes. Y después, cuando tenían cerrado el sistema uno, cierto, entraba a hablar sus condiciones individuales de los contratos. Y si eran favorables, uno tenía la potestad de después aceptar todo lo que habían negociado los dirigentes”, relata Pérez.

«Eran muy pocos los jugadores que tenían representante. Muy poco. De un 100% de un equipo, ni siquiera llegábamos al 2% si es que llegábamos. Eran dos o tres jugadores», enfatiza Eduardo Vilches.

Estilo de vida

“El fútbol antiguo no es el mismo de lo que es ahora. Lo que se ganaba en ese entonces no es lo mismo que se gana ahora. En ese entonces no había tantas empresas haciendo publicidad. Hoy en día sí hay. En ese entonces, a lo mejor había un canal. No, hoy hay muchísimos canales, hay muchísimos ingresos. Por eso es que las comparaciones, desde mi punto de vista, no son iguales. No son prácticamente iguales”, advierte Eduardo Vilches.

En este sentido, el estilo de vida del jugador de antes también era diferente al actual. Un buen ejemplo de lo anterior es el automóvil. Porque si hoy en la actualidad un juvenil puede tener su vehículo incluso sin haber debutado en el primer equipo, hace varias décadas un futbolista profesional debía trabajar varios años para aspirar a tener uno. Y muchas veces, ni siquiera nuevo.

“El año 81, el diario La Tercera entregaba un auto al mejor jugador del campeonato. Y ese auto lo ganó Lizardo Garrido. Y Lizardo… era un auto imposible. Lizardo es enorme y el auto es pequeño. Se lo vendió a Jaime Vera, que era compañero. Jaime lo usó dos años y me lo vendió a mí. Ese fue mi primer auto”, cuenta Jaime Pizarro.

“Yo no pensaba en comprarme un auto. No pensaba en muchas cuestiones que hoy los chicos piensan a lo mejor. Comprábamos nosotros los zapatos de fútbol. Y en Quillota no habían, los traían desde Santiago. Esa era la realidad”, recuerda Patricio Yáñez sobre sus inicios en San Luis.

«El 91 entero lo viajé. No tenía auto”, confidencia Gabriel Mendoza. De hecho, el Coca, que viajaba desde Graneros a Santiago para entrenar en Macul, tuvo otras prioridades antes de adquirir un vehículo: “Una de las cosas que se conversaba, y que soñaba, se conversaba en Familia, era que antes de tener auto, era casa pa’ mí, pa’ mi familia y pa mi mamá. Y fue lo primero que hice”.

“El primer año viajé en bus. Juan Carlos Peralta me esperaba en Departamental en su Renault 12 blanco. Y me esperaba y me dejaba en el estadio. Y de vuelta, el cabezón (Javier) Margas me dejaba en el Cementerio Metropolitano para tomar el bus de vuelta», agrega.

“Yo tenía un Renault 12, donde esperaba al Coca. Yo era el chofer del Coca”, confirma Peralta, cuyo vehículo fue un pequeño lujo dado que en Colo Colo tenía un contrato de cadetes: “yo ganaba 50 mil pesos mensuales”.

Otro reflejo del estilo de vida de la época es el de Leonel Herrera, quien cuando anotó el 3-0 ante Olimpia: “Yo vivía con mis papás en ese momento”.

En tanto, Miguel Ramírez cuenta cuánto fue y qué hizo con su primer sueldo: “Lo firmé 1988. Yo estaba en tercero medio. Y mi primer contrato fueron 20 mil pesos, que a la fecha deben ser 170 (mil). Era poco, pero de no tener nada, de que mi papá me daba 50 pesos para la micro y yo me las ahorraba subiéndome por atrás para tener eso, para comprarme un sandwich en el colegio y comer algo después de entrenamiento y tener 20 mil pesos… ¿Qué hice con mis primeros 20 mil pesos? compré azulejos, una buena taza de baño, un lavamanos y lo cambiamos. Aporté para la casa donde vivía con mis padres”.

“Al otro sueldo —prosigue Cheíto— pude comprar un televisor en colores, porque teníamos un televisor en blanco y negro, de esos con tubito que se le cortaba el pelito de cobre. Después, una videocasetera cuando se veía por betamax. Y fui ayudando a mi papá y devolviendo la mano de todo el sacrificio y del trabajo de ellos dos. Para mí, mi primer sueldo fue lo mejor que me pudo haber pasado”.

«El primer año viajé en bus. Peralta me esperaba en Departamental en su Renault 12 blanco. Y me esperaba y me dejaba en el estadio. Y de vuelta, el cabezón (Javier) Margas me dejaba en el Cementerio Metropolitano para tomar el bus de vuelta» (Gabriel Mendoza)

“Los chicos ahora valoran menos las cosas porque tienen más acceso a todo, es mucho más fácil ahora comprar, no sé, desde… yo me acuerdo que en mi casa no podían comprar bebida. Comprábamos los fines de semana, y era un lujo tomar una bebida. Yo iba a la casa de mi abuela y mis tíos que vivían ahí, y que tenían una situación económica mejor que nosotros, compraban cajas de bebidas, y yo me empachaba tomando bebida el fin de semana. Como un lujo. Nosotros tomábamos agua en la comida. Y ahora el acceso a todas esas cosas es como normal: comprarse un auto cuando tienen 17 años, a tener un mejor celular. Yo no tenía ni para comprarme zapatillas. Yo me quería comprar un jeans y mamá me decía que tenía que esperar que cobrara papá porque no tenía plata. Entonces, uno valora más las cosas. Ahora hay más acceso, mucho más fácil, los chicos valoran menos. Y eso no está bien. Yo trato siempre de hablar con Bruno (jugador de Palestino), mi hijo. Bruno es más de valorar y tiene sentido de pertenencia, porque en definitiva trato de frenarlo un poco. Siempre trato de frenarlo, de que valore un poco más las cosas. Cuesta más, porque él vive en un entorno donde no se valora”, reflexiona Marcelo Barticciotto.

En los tiempos actuales, y con la seducción económica, Europa es un destino que hoy es mucho más accesible que hace tres decenios. “Hoy la permanencia de un jugador en cualquier club es menor. Hay mayor rotación. En los 80 o en los 90 existía el cupo de extranjeros limitado para ir a jugar a Europa, entonces era más difícil. Hoy en día es más fácil ir a jugar a Europa, a las distintas ligas”, dice Marcelo Ramírez.

Y esto último, plantea el Rambo, tiene consecuencias: que los planteles actuales no se consolidan en el tiempo ni tampoco tienen los grandes referentes de antaño: “Uno analiza en los equipos de primera división o de Primera B, te diría el 50% de los equipos, en que termina el año y salen 15 jugadores, y después vienen otros 15 jugadores. Entonces, son muy pocas las opciones de generar estas místicas especiales que se generaban antes, en que había líderes que venían por años, que mostraban el camino a seguir para estar en esa institución, en que en los momentos de tormenta —ya sea con la prensa, con la hinchada, con los directivos— eran los que ponían la calma, eran los que llevaban la palabra y los que eran escuchados dentro de un camarín. Hoy eso, entiendo, que se ha perdido, por lo mismo: porque los planteles duran muy poco juntos”.

“Ese plantel (Colo Colo campeón de América 1991) venía junto desde el 86. Fueron cinco-seis años juntos en ese plantel viviendo cosas importantes. Se iban incrustando jugadores, pero para potenciar. No era que se vendieran jugadores y el equipo se despotenciara. No. Se mantenían los importantes, los más capaces, y a esos se les iban incrustando jugadores. Así llegó el Pato Yáñez, el Negro Salgado, Rubén Martínez, el Coca… a potenciar el equipo”, sostiene Ramírez.

Sobre el punto, Barticcioto comenta: “Era muy difícil llegar a Europa. Eran dos extranjeros. Era muy difícil. Y antes, primero compraban a los mejores y después los pagaban muy caros. Ahora compran a un chico que hace tres goles y lo pagan barato, porque terminan pagando un millón de dólares, que para los europeos no es nada. Y después si no juega, no importa, porque lo prestan”.

“Se van jugadores que no están consolidados ni que hayan jugado tanto tiempo, que ni salieron campeones. Los clubes compran. Y si no jugó bien allá en el club, lo prestan para recuperar el dinero. Antes, de última, arriesgaban y apostaban por los mejores”, complementa.